Turista de masas

El turista viaja a los iconos de su infancia para deprimirse. Lo que en su época fue auténtico, con muebles avejentados, las cajoneras clasificadoras de cuando no había ordenadores, los camareros cumpliendo su función de acuerdo a las costumbres del lugar, los edificios a los que se dejaba envejecer por la lluvia y el paso del tiempo, ahora ha pasado a ser no más que un parque de atracciones, con los antiguos establecimientos cerrados, los letreros de las tiendas comunes a cualquier parte del mundo refulgiendo, la turba que lo ocupa todo, cola tras cola, los precios por las nubes, si quieres hacer una foto no tendrás más remedio que hacérsela a la masa, la fotografía de un monumento, cuando crees que no va a pasar nadie, de repente la sorpresa y se convierte en el retrato de un guiri anglosajón desconocido que se ha metido en la plaza.

El turista se horroriza, y concibe hipotéticas soluciones. Aún no ha llegado a la conclusión de algunos como pintar en las paredes contra la actividad turística, o directamente recurrir el sabotaje. No lo acomete porque cavila que obrar así es una suerte de egoísmo, de dictadura, de derecho de conquista medieval. Claro, tú lo que quieres es la playita para ti solo, la calle para  ti solo, que no te la estropeen, que no acuda la muchedumbre, tener un paraíso a tu alcance sin admitir las consecuencias. En su lugar el turista se plantea un término medio. Algunas medidas urbanísticas como limitar la oferta de habitaciones, de plazas hoteleras, de apartamentos para alquilar. Como prohibir que en los edificios históricos se coloquen franquicias, en cambio promover el comercio o el establecimiento de toda la vida. O garantizar la oferta de vivienda protegida, incentivando la mezcla social en los barrios.

Aunue el turista lo reconoce. Él mismo, la imagen que otorga, no le diferencia del turismo de masas. Camiseta comprada en el C&A haciendo alarde de un destino playero en el que no ha estado, pantalón corto, zapatillas de deporte, gafas de sol, la bandolera a un lado, el cabello despeinado,  y la cámara sobre el pecho. Especialmente este último detalle. El turista es aficionado a hacer fotos, y el aparato es lujoso y caro. Otros compañeros vacacionales a los que no conoce de nada de vez en cuando le detienen. Piensan que con el artilugio que posee habrá de ser un buen fotógrafo. El turista es amable, se para a cumplir la petición. Siempre el mismo rollo. La gente, a pesar de que visita mil y un lugares, no alberga dos dedos de frente de originalidad. El retrato de la persona sola, los dos amigos codo con codo, la pareja abrazada tiernamente, el grupo familiar, todos sonrientes, con el monumento, siempre el mismo monumento, de fondo.

En este trasiego le para una chica. Es guapa, ataviada con un vestido floreado retro. Pero el turista al principio resopla, otra más. Sin embargo, no es otra más. Extranjera, atrevida, hablan en inglés. El turista piensa que lo de siempre, la foto de costumbre con ella centrada en el hito. Pero no. Quiere que la inmortalice de espaldas, no obstante reclinada con las manos sosteniéndose levemente y con elegancia los bordes de la falda. La chica no es una más. Tiene una imagen muy clara de sí misma y de lo que busca conseguir. Mientras se lo explica además conversa con el turista. ¿De dónde eres? Soy español, ¿y tú? Yo de Rusia. Poco a poco va tomando confianza. ¿Y estás solo? El turista parpadea. No, con mi familia (que se halla a cuatro metros esperándole a que finalice montada ya en el coche). Oh, qué pena. Pero, ¿vas a estar más días aquí? El turista a esas alturas no se lo puede creer, ¿realmente está sucediendo, o es una broma macabra del destino? Al final su sinceridad le traiciona: Solamente hoy. Es una lástima, concluye su contertulia.

La relación concluye con la captación de la imagen. Mientras se dirige al coche donde su familia le aguarda el turista se tambalea. Está nervioso, agitado. ¿De verdad?, se inquiere. ¿De verdad tiene que suceder esto hoy, en el momento más inoportuno? ¿Más de tres décadas y media de visitante y esto le acaece con sus padres y sus hermanos de por medio? Aunque reflexiona. Claro, el turista cuando va solo rehuye de las multitudes. Lugares poco frecuentados, en temporada baja, si se contradicen estas reglas suele ser madrugador, acudir al sitio cuando ni el vigilante se ha levantado. A excepción de ese día, precisamente porque va con su familia, y como va con su familia practica turismo de masas. Pues va a ser, reflexiona, que la masa no es tan mala después de todo, si sucede que una guapa extranjera y con gusto se le insinúa. Al final, se dice a sí mismo, sucede que va a ser conveniente convertirse en un turista de masas, pero no de lugares atestados y masificados, sino en el sentido humano y aglomerante de la palabra. Turista de masas.

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