Archivos Mensuales: septiembre 2017

Verano 1993

Exasperantemente aburrida. Esto no resta que bien dirigida, con un trabajo impecable y muy natural en las escenas con niños, hermosa en algunas fases, digamos que conmovedora. Sin embargo, qué tostón, qué monotonía, para el oído y para los sentidos. ¿Todo el rato jazz? Y los sonidos del bosque que asemejasen enlatados. Parecía que el cine español había abandonado eso, los guiones anodinos y casi minimalistas, parecía que con la crisis se habían olvidado de esa tendencia de pretender hacer arte, y que la única manera de hacer arte consistíera en contruir cine lento e infumable. Pero no. Dicen que nos estamos recuperando, algunos lo niegan, pero que se lo digan al retorno del gafapastismo. La bondad económica en este país guarda una estremecedora cercanía con la insulsez en el séptimo arte.

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Cavernas, pirámides, imperios. David Solar

David Solar, autor en Historia 16, y en otros muchos medios, escribe su propio libro de historia de la humanidad, y lo hace de momento circunscribiéndose a la prehistoria y edad antigua, sin introducirse en la edad media. Es decir, al pasado más lejano, aquel donde la arqueología se vuelve cada vez más escasa y somera, y es necesario echar mano de las fuentes escritas, aún cuando son ahistóricas en muchos casos, increíbles, faltas de rigor, y posiblemente redactadas por alguien con una visión sesgada del mundo, influida y deformada por sus propias creencias y por su pertenencia a una civilización en concreto en detrimento de las demás. No obstante, algo de verdad habrán de tener.

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El rincón de los monstruos

Esa esquina del dormitorio sin personalidad alguna, en la pared opuesta a la ventana, en el punto más alejado de la entrada. Ese lugar al que solo llegas rodeando la cama, que resulta tan anodino que solo merece colocar allí aquel mueble o complemento que absolutamente carece de importancia. La mesilla de noche gemela a donde situas el despertador que colocas ahí para no descuadrar, el perchero, la lámpara de pie, ese arcón que te han regalado y que no sabes donde poner.

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31 de agosto nocturno

Treinta y uno de agosto de dos mil diecisiete. Jueves. Pero no un jueves cualquiera. La mitad de la población regresa de las vacaciones, y acuden con las costumbres intactas de sus lugares de veraneo. El calor impide dejar las ventanas cerradas, prácticamente todo el verano ha sido así, pero nunca tan urgente como esta madrugada. La adolescente del tercero que conversa por teléfono de una a dos, los vecinos de enfrente con sus luces potentes y la película en alto volumen, las discusiones, los padres con los hijos, los hijos con los padres, ser testigo de las primeras peleas de un par de parejas enamoradas; aparte por alguna razón las alarmas de un sinfín de vehículos que estallan, de manera intermitente, y si fuera poco también la del centro cívico de manera constante hasta las cuatro; y a añadir a la coctelera el ruido de fondo, el de los coches y las motos circulando, que ha doblado su intensidad. La mitad de la población ha regresado y parece que lo ha hecho para darse un garbeo por la ciudad, a pie, en tren, en metro, en vehículo a motor, o en sus propias casas. Se mueven como noctámbulos, coleccionando cucarachas o ratas en la acera, rompiendo el silencio con los tubos de escape de las motocicletas, o cavando zanjas de tanto recorrer el pasillo de sus moradas. La mitad de la población ha vuelto y sufre de insomnio, a fuerza de costumbre de levantarse tarde, y de paso provoca el insomnio en más de uno que no se ha ido. La mitad de la población ha regresado y ojalá que no lo hubiera hecho, que se hubiera quedado en esos lares, donde quiera que estuviera, dispersa, esparcida. Podrían haber fundado una nueva ciudad, o un sinnúmero de pequeñas aldehuelas. En el fondo luchar contra la contaminación acústica es muy sencillo. Basta con cambiar de aires, para siempre, y no regresar. No regreséis, malditos. Cread pueblos en la costa o en la montaña, y dejadnos en paz.