Bulle

La mente bulle de ideas por la tarde,

pero a la hora de escribir,

en el ordenador del trabajo por la mañana

desaparecen;

un empleo que te hace esto, ¿es bueno?

cabe preguntarse

acerca del misterio de la razón para levantarse a la hora que lo hago,

para llegar a la hora que lo hago,

antes de lo que se me indica;

igualmente la razón para estudiar oposiciones,

por inercia, por no tener otra cosa,

cuando está claro que un puesto para toda la vida en estas circunstancias

lo que sustrae de la ecuación es la felicidad;

la mente bulle, se puebla de improperios,

se desquita así de los interrogantes inevitables

evitando un gañido desgarrador a cada ocasión que amanece;

esta madrugada había un gatito desvalido en la entrada de mi edificio,

atigrado, grisáceo, bonito,

las dificultades que se me presentan para atenderle,

no tengo comida a su gusto,

no tengo sitio para alojarlo,

el miedo de llevarlo a la perrera con lo que hacen con ellos en la perrera,

la mente bulle, le deja allí con la esperanza de que acuda la madre a sus maullidos,

pero ¿y si no lo hace?

La mente bulle,

¿y si mis circunstancias fueran otras?,

¿y si pudiera ayudar a las criaturas que la naturaleza abandona?,

pero las obligaciones económicas,

el peso de una supuesta larga vida por delante,

entregarse a un trabajo que destroza la perspicacia, que mengua la originalidad,

por la promesa y el terror a una larga vida,

la mente bulle,

y por mucho que cavila no le encuentra sentido.

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