Disfruta la tormenta

Ojalá que en tus atardeceres te acompañe la música celestial,

que al recorrer los cielos límpidos, los horizontes profundos,

las melodías sean propicias en los instantes de luz sobrenatural;

los truenos y relámpagos con Beethoven se vuelven acogedores,

disfruta la tormenta,

los estruendos no infunden miedo ni pavor frente a la belleza de la hecatombe;

ojalá que cuando la vista se te arrobe,

el oído el movimiento enarbole,

junto con el aroma a tierra mojada, el tacto del volante,

el gusto a derrota en el paladar que se desvanece;

ojalá que tus perspectivas no sean las que otros te muestren,

que los caminos que tomas no sean los convencionales,

diversifica, sé valiente,

o haz siempre lo mismo,

pero que las variaciones te sean sonrientes;

el ambiente puede ser gélido, hacer que te resguardes,

pero si las estrellas brillan, hazme un favor y embóbate,

abre los brazos, dirígelos a la bóveda polar,

y da las gracias porque despierto gozas del instante;

ojalá que siempre haya quien te haga sentir como un ser humano,

que cuando las circunstancias te dañen,

los culpables tengan la calidad de admitir su fallo y disculparse;

desearía que cuando te aflijas por culpa de otros,

que haya quien se esfuerce por corregirse, por compensarte,

que sus desvelos te hagan sentir como un tesoro;

disfruta la tormenta, el rayo puede partirte en dos,

pero ojalá sepas observar cómo mientras tanto el universo en torno a ti arde.

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