Corto Maltés. Equatoria

En la infancia Mortadelo, Filemón y Asterix. Tíntin en la adolescencia. Corto Maltés es el mito del cómic europeo que uno descubre en su etapa adulta. En mi caso quizás un poco tarde. Y desde que lo hice he tardado años en descubrir y apreciar todos los detalles de una obra como esta.

Corto Maltés es un aventurero, y un documentalista. Los álbumes de este personaje están repletos de referencias históricas, de personajes fidedignos y reales, de situaciones que verdaderamente, con su crueldad y sus alegrías, se dieron. El motivo por el que un personaje como Corto Maltés, un marinero romántico y errabundo, inicia su periplo es lo de menos. Lo importante, y nunca mejor dicho, es el viaje. La literatura que se lee en el trayecto, los poemas que se recitan, las frases que se le vienen a uno a la mente, el ingenio, las imágenes de arquitecturas, personas y paisajes que impregnan la retina, las mujeres que amó, que le amaron, los hombres, dignos, fascinantes, ladinos o miserables, que coincidieron en su derrotero. Corto Maltés es una obra para aprender, para refocilarse, para amar el arte, la cultura, la doctrina del viaje. Jamás regresar a la patria, siempre buscar un nuevo panorama. No soy como Corto Maltés. Siempre retorno a mis raíces, disfruto revisitando los paisajes cotidianos. Pero permito que viajeros como este vagabundo me pongan los dientes largos, con sus ensoñaciones, su pasear sosegado, nuevos lugares que nunca serán recuperados, un tiempo, una época, que no es posible revivir.

Equatoria es el último tomo de Corto Maltés publicado este año. No ya por Hugo Pratt, que tristemente nos dejó, sino retomado por Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero, encargados de revitalizar la saga, y dignos sucesores de este maestro. Equatoria nos lleva desde los canales de Venecia hasta la jungla ecuatorial africana, transcurriendo por periodistas, luchadores en pos de la libertad y la independecia, contrabandistas, mercaderes de esclavos, ejércitos coloniales en África, y mujeres que buscan volver a casa.

Equatoria, como he dicho, se trata de un volumen con un guión muy compacto y que logra retomar un mito. Pero, por ello mismo, aviso para navegantes: un álbum de Corto Maltés no debe leerse con premura, sino con parsimonia, con paciencia, aspirando cada detalle, el ambiente impreso en cada viñeta, deleitándose con cada referencia. Uno debe de enfrentarse a un título de Corto Maltés siempre recordando: cada estampa reproduce un tiempo que ya nos dejó.

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