Zama. Lucrecia Martel

Zama podría ser entendida como el punto opuesto al corazón entre las tinieblas. No hay que buscar al oficial enviado selva adentro, este lo que persigue es escapar del destino a donde lo han encomendado, espera su traslado. Mientras lo hace se desespera, enferma, vive, ama, se aburre, se desconcierta, y degenera.

Sin haber leído la novela de Antonio di Benedetto de donde se inspira esta película, solo cabe en este artículo destilar palabras sobre el arte de la directora argentina Lucrecia Martel, a quien no conocía previamente. Epítetos para Zama como obra cinematográfica: película espesa, donde en ocasiones no se sabe lo que ocurre; no obstante bella desde el desamparo, desde los escenarios sencillos, pero naturales y sobrecogedores; el protagonista es tranquilo, y el devenir es sereno; sin embargo, el caos emerge a su alrededor; es el reflejo de la condición existencial del oficial que aguarda su relevo; como la selva, la jungla es todo lo compleja que pueda ser el corazón de aquel que la observa; Diego de Zama podrá mostrarse sosegado, pero los flujos y reflujos de los animales, de las personas, del viento, de las circunstancias, que se desarrollan en derredor, muestran su estado de ánimo; no hay que observar a los ojos del hombre abatido y desesperanzado, sino al mundo que enloquece y se vislumbra surreal en una gradación que llega a resultar imperceptible pero evidente.

Por lo demás, ambientación conseguida. Vestuario que logra su propósito. El hombre y la mujer, que es brutal como la selva, se diferencia del lodo a través de sus ropajes. Por ello los esclavos son como fango, los pordioseros son como barro, los protagonistas se distinguen de sus semejantes por su elegancia, y conforme se hunden, o el momento cuando pierden su respetabilidad, es cuando se desprenden de los tejidos que marcan su condición.

En definitiva, película minoritaria, con variados puntos de vista, con múltiples interpretaciones, en este artículo solo una más, seguramente una de tantas, que hay que decir que surge una vez se sale del cine, porque entretanto lo que cunde es soledad, desasosiego, y casi ahogo entre las arenas y el agua.

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