Olalla. Robert Louis Stevenson

Olalla es una historia corta del escocés Robert Louis Stevenson, autor que ha pasado a la posteridad por obras como “La isla del tesoro” y mitos como el de “Dr Jekyll y Mr Hyde”. Publicada en 1887, diez años antes que el Drácula de Bram Stoker. Ambientada en España. Con el pulso narrativo no exento de rimbombancia de las novelas decimonónicas, tal cual una fábrica de imaginativas y maravillosas metáforas, y una lectura que ensalza de manera romántica los sentimientos y las pasiones, con los personajes que se vuelven esclavos de los vaivenes emocionales.

Un soldado herido en combate localiza su convalecencia en el clima cálido español, y su médico le organiza una estancia tranquila y agradable en plena montaña, en la mansión de una antigua familia noble venida a menos. Los personajes que va conociendo son de todo menos habituales, con la extrañeza, la indiferencia, la repulsión que siente a veces. Pero entre ellos brilla con luz propia Olalla, de la que se enamora perdidamente, pero de la que todo parece separarle y, por mucho que corra, y se esfuerce, parece definitivamente alejarse.

Leyendo a Olalla uno vislumbra que Drácula, de haber mediado otras circunstancias, podría haber sido perfectamente español. Y no me refiero a las similitudes de argumento que, quien quiera verlas, puede hallarlas, pero no es lo trascendental del asunto.

Me explico. “Olalla”, novela corta adscrita o inspirada por la corriente de la literatura gótica. Esto es, ambientes misteriosos, escalofriantes, donde suceden una serie de hechos fuera de lo habitual que ponen a prueba los nervios del personaje y del lector. No es casualidad que Olalla esté ambientada en España. Porque de hecho una de los grandes temas y escenarios en los que se cimentó la literatura gótica, se puede reconocer en la imagen que el extranjero tenía de España en aquella época. Solo recordar “El manuscrito encontrado en Zaragoza”, de Jan Potocki (1805). Brujas, inquisición, la religión católica, los monasterios encantados y los castillos en ruinas en la cima de las colinas.

En particular señalar tres ingredientes que Stevenson emplea e introduce de manera magistral. La devoción ferviente por la cruz, las imágenes y el crucificado; el sentimiento de culpa; y la raza. Las culturas del norte de Europa sentían extrañeza por estos elementos. En la civilización que se estaba forjando cabia la razón, el positivismo, el industrialismo, lo reglado, lo necesario. En el nuevo mundo que emergía todo debía estar medido, calculado, científicamente milimetrado. Y la fe no entraba en esa cuadrícula. Tampoco el pietismo, la contención, la penitencia. España era lo irracional. España era donde por constitucion el Estado era confesional, esto es, con el catolicismo como religión oficial, y donde todavía se conservaban fenómenos como el carlismo, la exaltación de la nobleza retrógrada y milenaria.

Porque, precisamente, cuando hablamos del tercer elemento de los mencionados: la raza. En Stevenson sinónimo de linaje, de estirpe, de alcurnia. La hidalguía inmemorial, el orgullo de sangre noble cuya línea de descendencia y su origen se pierde en la noche de los tiempos. El sueño de la razón crea monstruos, y para Stevenson en España no hacía falta recurrir a lo paranormal para idear espíritus maléficos. Solo recordar el pasado, únicamente mencionar aquello que tuvo a los países del norte de Europa durante siglos de miedo acongojados. El Duque de Alba que en Holanda se llevaba a los niños que no hacían caso a sus madres, los conquistadores, los galeones, los tercios. La nobleza antigua, el soldado temible y cruel que arrasaba allá donde iba, capaz de conquistar medio mundo, de quemarlo y ponerlo a sus pies. La nobleza en decadencia. Y que nunca se levantara, que nunca cejara en su horas bajas, sin dejar que se alzara y amenazara el estatus de los países protestantes.

Los monstruos de Stevenson en Olalla son nobles españoles. Pero para no sobrepasarse, para no congelar a sus lectores de puro terror, porque una cosa era inquietar y otra provocar el pánico colectivo, imaginó nobles españoles en decadencia; orgullosos mas debilitados, incapaces de salir de sus montes, de bajar de las montañas, tomar un navío y como una nueva Armada Invencible ir a invadir Gran Bretaña; nobleza pusilánime y a punto de desaparecer.

Y a saber si Bram Stoker, aunque esto es mucha elucubración, al buscar a su personaje principal no pretendió basarlo en un noble español. Solo que el signo de los tiempos, porque España en 1897 era un país atrasado, pero donde la aristocracia ya no gozaba de tanto poder, ni la superchería y la superstición dominaban al campesinado, fue lo que le hizo trasladarse y buscar con ahínco por Europa, hasta encontrar un vestigio de este antiguo terror en un lugar tan apartado como Transilvania.

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Un pensamiento en “Olalla. Robert Louis Stevenson

  1. Lidia Nechuna

    Manuel Sierra, magnífico comentario de la historia Olalla del escritor escocés Robert Louis Srevenson autor de la famosa obras “La isla del tesoro”,traducida en España,comentario que nos tienes acostumbrado en películas y novelas cuya lectura se puede encontrar en tu página, para el deleite Como siempre con admiración Lidia Angela

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