En la cueva

En la cueva espera la hechicera.

Los antepasados bajo ella.

En el corredor las tres mujeres avanzan al resguardo.

Los gigantes no pueden entrar, los símbolos en el cuero asustan a los duendes, la noche no muestra luces, el relámpago queda en letargo.

En la cueva un solo camino, al fondo una sola luz, un solo rostro al que contemplar.

La reina dice a la primera mujer: “Te conozco”.

Tus hijos han muerto, el esposo que fue a tu casa se volvió loco. ¿Qué puedo hacer por ti?

Madre, el dolor me consume, haz tu magia, pon otro recuerdo en mí.

Así hace.

La hechicera se dirige a la segunda mujer. Te conozco.

No eres una mujer, sino el bisnieto de mi hermana, cuya esposa falleció y se marchó.

¿Qué haces aquí? ¿Cómo te han dejado los guardianes pasar?

Porque no solo parezco mujer, sino que del mismo modo que soy hombre, también mujer,

y duende, y demonio, y oso, y lobo, y águila, y las lunas que bajan a la tierra, todo eso a la vez.

Yo, que he caminado por las sendas,

que he convivido con los errantes a la vera,

aunque busco a la Diosa, no puedo encontrarla porque hay muchas personas en mí.

Mi señora, haz tu magia, quiero ser solo uno para ser uno con aquella que concebí.

Así hace.

Por último, habla a la tercera, que va con el rostro tapado: ¿Quién eres?

¿Por qué te ocultas? ¿Quién es tu madre? ¿Por qué te tapas cuando te habré visto nacer en la cámara de esta cueva?

Entonces, la mujer se descubre, y no es mujer sino niña.

Una criatura pequeña y núbil pero los guardianes la han dejado pasar, por lo que tiene recuerdos de mujer.

La anciana hechicera comprende, y siente miedo.

Yo no te he visto nacer pero tú a mí sí.

Espectro de rostro dulce, en tus ojos veo más edad que en todos los seres de mi seno.

Monstruo que has nacido mil veces, que has penetrado hasta la cámara de mi templo,

te pregunto: ¿Estás aquí para vengarte?

¿Te hicimos mal en otra de tus vidas?

¿Mi abuela aniquiló a tu tribu? ¿Mi madre envió a su esposo a comprarte o a raptarte?

¿En mi juventud te robé al marido?

La niña afirma con la cabeza. Todo eso, y mucho más.

Pero no temas, el tiempo me ha enseñado a perdonar.

Entonces, navegaste en barcos de cuero;

estuviste cuando los gigantes trajeron las piedras;

has visto el lugar donde no se pone el sol y allí donde nace el estaño;

tus padres doblegaron al caballo, y tus madres tensaron el arco.

Todo eso, y mucho más.

Si has visto tantas cosas, ¿qué puedo hacer por su merced?

Bruja, lo sé todo sobre el pasado, haz tu magia, es el futuro lo que me hace temer.

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