Archivo de la categoría: Cine español

El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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1898. Los últimos de Filipinas

El atrevimiento de hacer una película histórica en España. Por un lado los que piensan que este título busca desfigurar aún más la figura de la gloria pasada española. Por otro lado, los que ensalzan el buen hacer del director y de los actores. Y en tercer lugar los que dicen que si esta hubiera sido una película americana nos hubiéramos hartado de aplaudir. Y ahora yo digo, si esta hubiera sido una película americana, no me habría gastado los seis euros y veinte céntimos de ir al cine. Lo hice porque era española y el tema me interesaba.

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Ética vs adaptación

“El hombre de las mil caras”, película de Alberto Rodríguez, del que ya se podría decir que es el gran renovador del cine español a base de noir y un brutalismo descarnado. El título está basado en hechos reales, algo que ya es Historia, forma parte del relato de este país, los sucesos relacionados con la intervención de Francisco Paesa en la detención de Luis Roldán, uno de los grandes engaños y polémicas que ha sufrido España en la historia reciente. Dotada de un ritmo que engancha desde el principio, en lo que podría considerarse, más que una ficción o una película de cine en sí, un documental, al estilo de Spotlight, no obstante sin la sensiblería típica estadounidense, compuesta a base de rock and roll tecnificado y machacón, música que es empleada como contraste. Esos señores tan trajeados y repeinados, en esas urdimbres tan complejas y sofisticadas, pero a la vez respondiendo a unos instintos insultantemente primarios y bajos.

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Tarde para la ira

Un noir español muy recomendable. Otro título más que demuestra que el cine negro, criminal, policíaco, carcelario… es, en los últimos tiempos, y salvo contadas excepciones, aquel que aúna mejor a crítica, público, y a gente de las diversas ideologías en España. La trama es sencilla. Un proceso, un desarrollo lineal, una serie de descubrimientos y de actos en crecimiento exponencial. Antonio de la Torre lo borda con su inexpresividad. Si los americanos tienen a Jack Nicholson para hacer de loco, nosotros a De la Torre para hallar a alguien de quien no se sabe lo que piensa, un espejo opaco. Su imagen ensangrentada y con la escopeta de caza podría llegar a ser comparable al asesino de La matanza de Texas con la motosierra y la máscara de Hockey. La gran virtud de la cinta es precisamente esa incertidumbre a causa de su inexpresividad. ¿De verdad lo va a hacer? ¿Después de lo que ha escuchado, de lo que ha oído, de lo que ha sentido? ¿Del tiempo que ha transcurrido? ¿Prescriben realmente los crímenes? ¿La existencia cotidiana puede hacer olvidarnos el mal pasado? En resumen. Tarde para la ira, tarde ya para que sea candidata a los Óscar, pero podría serlo para la siguiente edición.

Vivir es fácil con los ojos cerrados

Película sorprendentemente pueril teniendo en cuenta todo lo que ha conseguido, las nominaciones a los premios Goya, las múltiples menciones en prensa, radio y televisión, que fuera designada como candidata española a los Óscar en su año. Vamos, que si apuramos y reducimos aunque solo sea un ápice la carga dramática que el personaje del profesor lleva detrás nos puede salir perfectamente una historia juvenil. Los dos adolescentes incomprendidos en sus hogares, que cogen la maleta y carretera y manta, y tienen la fortuna de toparse en su camino con un maestro algo chalado aficionado a John Lennon. Por supuesto, tiene su parte de denuncia, lo negativo de los tiempos de Franco, la falta de libertad en ocasiones para decidir uno su propio destino. Pero no deja de resultar chocante que se denuncie el franquismo, y sin embargo no lo hace con los sueños de libertad acompañados de consumismo que el imperialismo trae implícitos.

En resumen, en mi opinión, un título que únicamente se sostiene a base de mitomanía. John Lennon, los felices tiempos de los inicios del cine en Almería. Hablando de Almería, y ahora que estoy aquí, la película es recomendable solo por recordar los viejos tiempos del cine, antes de los invernaderos y de la burbuja inmobiliaria. Aunque, si se trata de añoranza y de mitomanía cinéfila, mucho mejor que “Vivir es fácil con los ojos cerrados” el siguiente documental:

Si los paisajes hablasen

Kiki. El amor se hace

Estamos de enhorabuena. Por fin en el cine español se ha logrado combinar lo romántico con lo perverso, y lo hace de manera natural y radiante. Quizás porque el tema es el sexo y no solo que sobre el sexo se trate, sino que se convierte en un personaje más. O más bien las parafilias que se describen, de las que se habla, adquieren personalidad y evolucionan. Como espíritus o pequeños demonios que se mueven por el mundo e inoculan su voluntad a los humanos que los sufren. O los gozan, quién sabe. No son añadidos para crear morbo, como diciendo, venga, vamos a introducir una escena o un comentario fuera de tono para atraer al espectador y descolocarle en un momento dado. Si somos así es que somos así, qué le vamos a hacer. Acéptame como soy, por qué pretendes cambiarme. Finalmente, la clave del asunto es la empatía. Te ríes, te parece imposible, no puedes parar de reírte y a veces hasta de avergonzarte y sonrojarte. Pero claro, ¿y si fuera verdad? Es que uno ha visto tanto allá fuera, y para qué crearse traumas sobre el asunto. Vive la vida, deja vivir, aprovecha Madrid (los que hayan visto la película sabrán de lo que hablo). Una película muy recomendable para ver en pareja, o solo, pero sobre todo con alguien a quien quieras, o con quien quieras, abrir la mente.

Julieta, de Almodóvar

Almodóvar en las últimas décadas ha adquirido una sensibilidad especial para retratar el inconsciente individual del país. No tanto el colectivo porque se trata de cuestiones personales, no obstante compartidas por un gran número de personas. La importancia de la familia, la relación de amor-odio de la simiente con los progenitores, el no aguantarlos y a la vez no poder vivir sin ellos,  el ascendiente que estos tienen sobre los hijos, la soberana entrega de los madres y padres. Puede que se le tache de almibarado, de excesivamente recargado con referencias continuas a lo artístico, pero el hacer de Almodóvar con sus personajes grandilocuentes, con profundidad moral y metafísica, cala mejor en el espectador que la sosería que en su momento demostró Jaime Rosales con “La Soledad”. El dolor a la pérdida, ¿quién no teme al momento en que muera su padre o su madre,  o siendo uno mismo un progenitor el instante en que se irá el hijo o la hija? Esto es lo que no se enteran los que tratan de imitar a Almodóvar pero sin conseguirlo. Lo que más duele no es el acto en sí, la tragedia, el vástago que muere, el padre que fallece en el mar. Sino la incertidumbre. La tragedia sucede y no tenemos más remedio que hacernos a ello. Lo malo, lo que realmente nos consume, y de lo que verdaderamente padece este país, es de incertidumbre. La madre lo pasa peor esperando al niño o a la niña a que vuelva de la discoteca, que cuando de repente le dicen que ha sucedido algo malo. Y es que se ama tanto que el peor sufrimiento es la ausencia.