Archivo de la categoría: Cine español

Verano 1993

Exasperantemente aburrida. Esto no resta que bien dirigida, con un trabajo impecable y muy natural en las escenas con niños, hermosa en algunas fases, digamos que conmovedora. Sin embargo, qué tostón, qué monotonía, para el oído y para los sentidos. ¿Todo el rato jazz? Y los sonidos del bosque que asemejasen enlatados. Parecía que el cine español había abandonado eso, los guiones anodinos y casi minimalistas, parecía que con la crisis se habían olvidado de esa tendencia de pretender hacer arte, y que la única manera de hacer arte consistíera en contruir cine lento e infumable. Pero no. Dicen que nos estamos recuperando, algunos lo niegan, pero que se lo digan al retorno del gafapastismo. La bondad económica en este país guarda una estremecedora cercanía con la insulsez en el séptimo arte.

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Abracadabra. Pablo Berger

Me hubiera gustado verla con un extranjero al lado, para comprobar su opinión. Porque la impresión que a mí me dio y que permanece una vez sales del cine es de película flojita. Personajes poligoneros, casposos, con una estética hortera a más no poder, y lo que no es poligonero resulta anticuado, pero no anticuado en el sentido de retro, sino vetusto en el contexto de que alguna mano de pintura le falta, salones y dormitorios que son el horror de un decorador, anclados en el tiempo en las memorias del mal gusto aburguesado, castizo y rancio.

No obstante, después recapacitas y dices: Pero cómo señalas que es flojita si Abracadabra es un montón de películas en una, una mezcla de géneros atrevida, arriesgada, original y que no chirría. Si lo tiene todo: drama social, intriga, cine negro, terror, comedia romántica, de malentendidos, fantasía, asesinatos, especulación pseudocientífica, espiritismo paranormal, y la aventura heróica de una mujer que busca su camino en el mundo. ¿Es posible que sean los prejuicios los que me hacen pensar que le falta algo? Ese rechazo al mundo catalogado como choni o cani, que todo resulte tan hortera, tan culturalmente degradado. O la presencia del omnipresente José Mota, que aunque hace un buen papel, el hecho de que estemos tan sobresaturados de su imagen, así como el tipo de humor al que lo tenemos asociado, provoca que la trama quede devaluada. En otras palabras, los prejuicios que mismamente y por otro lado me harían rechazar las proyecciones de “Cine de barrio”.

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El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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1898. Los últimos de Filipinas

El atrevimiento de hacer una película histórica en España. Por un lado los que piensan que este título busca desfigurar aún más la figura de la gloria pasada española. Por otro lado, los que ensalzan el buen hacer del director y de los actores. Y en tercer lugar los que dicen que si esta hubiera sido una película americana nos hubiéramos hartado de aplaudir. Y ahora yo digo, si esta hubiera sido una película americana, no me habría gastado los seis euros y veinte céntimos de ir al cine. Lo hice porque era española y el tema me interesaba.

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Ética vs adaptación

“El hombre de las mil caras”, película de Alberto Rodríguez, del que ya se podría decir que es el gran renovador del cine español a base de noir y un brutalismo descarnado. El título está basado en hechos reales, algo que ya es Historia, forma parte del relato de este país, los sucesos relacionados con la intervención de Francisco Paesa en la detención de Luis Roldán, uno de los grandes engaños y polémicas que ha sufrido España en la historia reciente. Dotada de un ritmo que engancha desde el principio, en lo que podría considerarse, más que una ficción o una película de cine en sí, un documental, al estilo de Spotlight, no obstante sin la sensiblería típica estadounidense, compuesta a base de rock and roll tecnificado y machacón, música que es empleada como contraste. Esos señores tan trajeados y repeinados, en esas urdimbres tan complejas y sofisticadas, pero a la vez respondiendo a unos instintos insultantemente primarios y bajos.

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Tarde para la ira

Un noir español muy recomendable. Otro título más que demuestra que el cine negro, criminal, policíaco, carcelario… es, en los últimos tiempos, y salvo contadas excepciones, aquel que aúna mejor a crítica, público, y a gente de las diversas ideologías en España. La trama es sencilla. Un proceso, un desarrollo lineal, una serie de descubrimientos y de actos en crecimiento exponencial. Antonio de la Torre lo borda con su inexpresividad. Si los americanos tienen a Jack Nicholson para hacer de loco, nosotros a De la Torre para hallar a alguien de quien no se sabe lo que piensa, un espejo opaco. Su imagen ensangrentada y con la escopeta de caza podría llegar a ser comparable al asesino de La matanza de Texas con la motosierra y la máscara de Hockey. La gran virtud de la cinta es precisamente esa incertidumbre a causa de su inexpresividad. ¿De verdad lo va a hacer? ¿Después de lo que ha escuchado, de lo que ha oído, de lo que ha sentido? ¿Del tiempo que ha transcurrido? ¿Prescriben realmente los crímenes? ¿La existencia cotidiana puede hacer olvidarnos el mal pasado? En resumen. Tarde para la ira, tarde ya para que sea candidata a los Óscar, pero podría serlo para la siguiente edición.

Vivir es fácil con los ojos cerrados

Película sorprendentemente pueril teniendo en cuenta todo lo que ha conseguido, las nominaciones a los premios Goya, las múltiples menciones en prensa, radio y televisión, que fuera designada como candidata española a los Óscar en su año. Vamos, que si apuramos y reducimos aunque solo sea un ápice la carga dramática que el personaje del profesor lleva detrás nos puede salir perfectamente una historia juvenil. Los dos adolescentes incomprendidos en sus hogares, que cogen la maleta y carretera y manta, y tienen la fortuna de toparse en su camino con un maestro algo chalado aficionado a John Lennon. Por supuesto, tiene su parte de denuncia, lo negativo de los tiempos de Franco, la falta de libertad en ocasiones para decidir uno su propio destino. Pero no deja de resultar chocante que se denuncie el franquismo, y sin embargo no lo hace con los sueños de libertad acompañados de consumismo que el imperialismo trae implícitos.

En resumen, en mi opinión, un título que únicamente se sostiene a base de mitomanía. John Lennon, los felices tiempos de los inicios del cine en Almería. Hablando de Almería, y ahora que estoy aquí, la película es recomendable solo por recordar los viejos tiempos del cine, antes de los invernaderos y de la burbuja inmobiliaria. Aunque, si se trata de añoranza y de mitomanía cinéfila, mucho mejor que “Vivir es fácil con los ojos cerrados” el siguiente documental:

Si los paisajes hablasen