Archivo de la categoría: Lecturas

El Imperio de Yegorov. Manuel Moyano

La literatura juvenil para adultos está de enhorabuena. Siempre he defendido la ciencia ficción española, he tratado de reivindicar y de favorecer en muchas ocasiones este campo tan poco desarrollado de la literatura nacional. Y por ello debería defender y promocionar un título como el que tenemos entre manos, “El imperio de Yegorov”, del escritor Manuel Moyano. Pero es que, simplemente, no me sale.

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Siegfried. Alex Alice

La mitología adquiere cuerpo. Te engancha, te envuelve, te hace partícipe de un mundo del que no te quieres apartar. Siegfried es un cómic del autor francés Alex Alice, libremente inspirado en el cantar de los Nibelungos, que desarrolla el mito de Sigfrido y el dragón. Hacía años que no disfrutaba tanto de un cómic, tanto desde el aspecto estético como argumental.

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Las hermanas Grimes. Richard Yates

Novela para disfrutar leyendo, puesto que el argumento está ahí desde el principio. Las Hermanas Grimes, cuenta Richard Yates, están destinadas a no ser felices. Dice el autor que la principal razón proviene de los desajustes familiares. Las hermanas Grimes nacen en un matrimonio que se divorcia, la madre va por un lado, es una profesional con éxito cuestionable, al padre cada vez lo ven menos, no lo conocen apenas. Las hermanas Grimes no tienen quien las proteja, no poseen un entorno familiar al que volver cuando las cosas van mal.

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Sumisión. Michel Houellebecq

Echo de menos al Houellebecq de las primeras novelas, de “Las partículas elementales”. Sumisión es el primer libro de este autor que leo completo desde hace mucho tiempo. Si se revisan las sinopsis por Internet y los artículos publicados al respecto, suele plantearse esta obra como una crítica hacia el Islam. Mas la estrategia es sumamente inteligente. En ningún momento de su extensión se hace una sola referencia en contra de la doctrina islámica. Al contrario. Todo está a favor de la imposición del Islam, de la conversión de Europa del catolicismo a la religión musulmana. Incluso es conveniente.

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El gigante enterrado. Kazuo Ishiguro

Novela del reciente premio Nobel de literatura 2017. Casualmente me la estaba planteando leer cuando se lo han concedido. Ambientada en la Edad Media temprana, en la época inmediantamente post-Artúrica, donde todavía colean los hechos de este magnánimo rey con sus luces y sus sombras, y la oposición entre los britanos, la población originaria de Gran Bretaña, y los invasores sajones que desde el continente llegan con sus ansias de hallar un mundo mejor y un hogar para sus hijos.

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El faro cósmico. Claudio Yelnick

Novela de ciencia ficción francesa de corta extensión, muy pródiga en ideas, a decir verdad con un trasfondo muy original, que difícilmente he contemplado en otras partes. Solo que quizás al desarrollo le falta hondura humana. Me explico. Más tensión. El misterio y el horror duran demasiado poco. Mejor organización, la tragedia del protagonista se cuenta demasiado tarde, se incluye casi de manera forzada. El debate científico sobre las causas del fenómenos ocupa quizás todo lo que tendría que haberse extendido el autor en las tramas internas de los personajes. Eso la convierte en una novela simple, de segunda categoría.

Sin embargo, recomendable como un título necesario para los amantes de la ciencia-ficción.

Ah, y aviso para navegantes, en el caso de que la edición contenga un prólogo, no lo lean. Chafa el conjunto de la trama.

El paseante de las dos orillas. Guillaume Apollinaire

Publicada en 1919, el autor la terminó de escribir en verano de 1918, y falleció en otoño de ese mismo año. Los críticos dudan cuánto del editor hay en esta obra, si por ejemplo las imágenes que se añaden son idea suya, si por ejemplo la recolección de artículos, porque no se trata tanto de una novela sino de una serie de relatos cortos, también es cuestión de su mano. En cualquier caso, una obra deliciosa, tranquila. Relatos de paseos por la capital parisiense en el periodo de preguerra, e igualmente entretanto el conflicto bélico. Una descripción de lugares, reales, de personajes, reales, del círculo artístico, literario y cultural parisiense, en una etapa previa al “París era una fiesta” de Heminway y, en mi opinión, mejor que la novela de Hemingway, sin esa caterva yanki que se dedicó a mitificar. Apollinaire describe, es natural, es su día a día. No habla de prodigios, solo de cotidianeidades. Como se puede contemplar esta obra se halla completamente exenta de intrigas, quizás a muchos aburra. Pero la calma que ofrece, la sencillez, es un regalo para el alma en busca de sosiego.