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Pequeña Historia de la Música. Fernando Argenta

Para mí escuchar música clásica alberga un sentido de rebeldía. No provengo de un ambiente especialmente ilustrado ni melómano, relacionado con un conservatorio. De haber seguido la estela y la tendencia a mi alrededor me habría quedado en el rock, en el funk, en el pop, en la música melódica italiana. Pero en su época, a los catorce años, los grandes hits empezaron a aburrirme soberanamente, y en su lugar descubrí la música clásica de la que me empapé y casi obsesioné por seguir mi rumbo particular, por no hacer lo que el resto del mundo hacía, ya fueran mis padres o mis compañeros de clase, con dos grandes iniciadores, uno fue el Hermano Pepe, mi profesor de Historia de la Música, y el otro Fernando Argenta a través de Radio Uno y de Clásicos Populares.

Pequeña Historia de la Música es un libro, si no tengo mal entendido, publicado a título póstumo en 2014, puesto que Fernando Argenta falleció tristemente en diciembre del 2013. Por el diseño, por el lenguaje a veces, sobre todo en el primer capítulo referente a la música en la antigüedad, podría parecer que se destina a los niños. Pero no. Mejora, lo prometo, a partir de que llega a la Edad Media, y alcanza un clímax apasionante a través de las descripciones de las distintas vueltas y revueltas de lo que llevaron a cabo los compositores de las distintas épocas, para que la música alcanzara el estado de lo que se ha logrado hoy en día. Una evolución desde la prehistoria hasta prácticamente la actualidad, con las nuevas tendencias, hablando del rock and roll y de las grandes bandas sonoras del cine. Recomiendo leer Pequeña Historia de la Música con el ordenador al lado, y el Internet conectado, para no dejar de escuchar a cada referencia que hace, a cada autor que menciona, las piezas que han formado parte de la historia universal del arte sonoro.

Uno de los otros

Llevaba tiempo haciéndome esta pregunta, aunque el catalizador ha sido la película “Hair” de 1979 basada en el músical homónimo de 1968, un petardazo de película, pero resultón donde tiene que ser, al principio y, sobre todo, en los seis minutos finales con una conclusión que quita el hipo y destroza conciencias.

En cualquier caso. No soy rico, no vivo en la abundancia, la mayoría de mis amistades votan a este tipo de partidos, hablo con ellos a menudo de política, comparto algunos de sus puntos de vista, jamás me he codeado con los ricos, no quisiera hacerlo, consumo cultura, digiero y produzco cultura, parte de mi familia es de ese lado, algunos incluso participan activamente. Entonces, ¿por qué no soy uno de ellos, uno de los otros? ¿Porque no proclamo la revolución, trato de asaltar los cielos, destrozar el sistema y la reconstitución en otro (supuestamente) más justo? ¿Qué es lo que me falta para pasarme al extremo del brazo más cercano a mi corazón en el pecho?

¿Tan duro me resulta que parezca que piensen lo mismo, que a pesar de vestir diferente todos ellos asemejen ser calcos ideológicos? ¿Tan difícil es admitir que aparenten no ser capaces de razonar, que les justifiques porque están equivocados en tal o en cual aspecto y prosiguen erre con erre? ¿Tan inadmisible es que el soporte de sus ideas se base en hechos o en trifulcas del pasado que no tienen sentido en el presente, una llamada constante al resentimiento de lo que pudo ocurrir y no lo hizo, que parece más un culto a la muerte que la constitución de un nuevo tipo de tradición? ¿Tan contrario a tus ideas consiste que en ocasiones asemeje que el motu que los mueve es el odio ancestral y no el vive y deja vivir? ¿Tan disparatado es dejar de observar constantemente esa hipocresía, ese analizar la paja en el ojo ajeno sin observar la viga en el propio?

Aún así, a pesar de todos estos aspectos. ¿Qué es lo que me impide abrir el corazón? He nacido en el sistema, pero me ha consumido y regurgitado. En estas condiciones, ¿por qué no soy uno de los otros?

Música para el desierto

Me quedan poco más de dos semanas en Almería. Los fines de semana los aprovecho para hacer senderismo y para viajar por la provincia en lo que he llamado mis findes de homenaje. Paralelamente me preparo para mi trayecto de vuelta hacia el oeste. Sé ya el camino que tomaré. De las dos autovías, la de la costa y la del interior, me tiraré por la segunda. Hay un momento en esta segunda en el que se puede considerar mágico. Dejas atrás el mar, la civilización. Llegas a una planicie elevada en un valle que deja a un lado la Sierra Nevada y al otro la Sierra de los Filabres. Es la carretera desde Canjáyar a Baza y Guadix. Canjáyar significar “Las puertas del infierno”. No es que sea un desierto como indico en el título, al menos en el sentido de Tabernas. Pero a mil metros sobre el nivel del mar, sin árboles, con escasos pueblos esparcidos, y, sobre todo, un recorrido en el que durante más de cincuenta kilómetros prácticamente te puedes encontrar con diez o veinte vehículos. Lo tengo decidido. Ese es el instante perfecto para disfrutar la conducción. Por lo que me preparo, me mentalizo, para tener una experiencia mística al volante, para disfrutar de la soledad. Probablemente la mejor hora sea el mediodía. De acuerdo, con el sol cayendo, pero sin sombras y con espejismos. Una velocidad moderada. No puedo controlar el viento, pero espero que sea una brisa suave que agite levemente las ramas de los arbustos. Y la música. Ah, la música. Eso es otra cosa que voy haciendo fin de semana tras de semana. Recopilo, escucho las canciones en el coche, selecciono. De momento el disco es el siguiente. Por supuesto, ando abierto a sugerencias:

  • Anthony and the Johnsons. For today I’m a boy
  • Arcade Fire. Flatland
  • Carter Burwell. Fargo
  • Dead Man’s Bones. Lose your soul
  • Donovan. Comienzo hermano sol hermana luna
  • Ennio Morricone. El secreto del Sáhara
  • Isobel Campbel & Mark Lanegan. Revolver
  • Jean Baptiste Lully. Marcha para la ceremonia de los turcos (versión de Jordi Savall)
  • John Tavener. The lamb
  • Lana del Rey. Videogames
  • Loquillo. Cadillac Solitario
  • M83. Outro
  • Moloko. The time is now
  • Radiohead. Reckoner
  • The bluetones. Sleazy Bed Track
  • The Polyphonic Spree.
  • Vitalic. Poison Lips