Archivo de la categoría: Prosa

No soy ese arquitecto

Últimamente no me entran las ficciones, las tramas novelescas no me satisfacen, los guiones manidos, las reflexiones largas para fardar y para aparentar pero que en el fondo no dicen otra cosa que lo mismo. Una legión de escritores que tratan los mismos temas, con diferentes palabras, y lo difícil que es innovar. En estos momentos lo que me entran son libros de matemáticas o de divulgación cuántica. Ni siquiera de arquitectura.

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Heredarás el Imperio

Para ti solo deseo que te des cuenta del regalo, del privilegio, de haber tenido una infancia friki. Que crecido entre cómics, pósteres, películas de aventuras, y sueños de un mundo diferente, esplendoroso, oscuro, divergente, espectacular, espeluznante, incoherente mas sugerente, llegues a apreciar el valor de tu herencia, de aquellos que te rodearon,  y te hicieron ver: “No tienes un solo camino, el mapa del multiverso te pertenece”.

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El Oeste

El argumento de “El Oeste” se resume en la siguiente frase: “El relato de las peripecias de la tripulación del Hathórica, el primer barco fenicio que viajó a través del Mediterráneo hasta las costas de la Península Ibérica, y de lo que les aconteció allí”.

Se ha intentado que los topónimos se correspondan a los términos que se empleaban en la época. Así Gubla es la ciudad fenicia de Byblos; Kemet es Egipto y los Kemettuay los egipcios; Ilión, o Ilios, es Troya; Caftor, Kitim, Tanaya, el Iteru, Sardinia, Shikala, la isla Corcávina, los montes Haemus, o la isla de Ostra son, respectivamente, Creta, Chipre, la Grecia continental, el río Nilo, Cerdeña, Sicilia, Gran Bretaña, los Balcánes y Lampedusa. Aparte, el Promontorio Sacro es el Cabo de San Vicente, las Columnas del Océano el estrecho de Gibraltar, La punta de Sur se reconoce como Tarifa, Antigua es Antequera, el río Patos el Guadiana, el Baites el Guadalquivir, el Iberus el río Tinto y el Gran Promontorio el Cabo de Roca. El resto de nombres pienso que son fáciles de adivinar por el contexto.

Al final del libro se recogen dos apéndices. El primero referido a los tripulantes del Hathórica. El segundo respecto a las personas que se encontraron en su destino, especialmente mujeres.

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Disfruta la tormenta II

Segunda semana de tiempo anticiclónico,

aburrido y soporífero,

aburrido y dañino,

con las ganas de que haya un tormentón,

lluvias torrenciales, tiempo encapotado. Las temperaturas bajan.

Mi única compañera ha sido una mosca incapaz de salir al exterior,

que se pegaba a mi cuerpo, que se adhería a mi calor

como quisiera que lo hiciera una amante.

Llegaba a casa y nada más abrir la puerta la veía revoloteando,

me iba y se quedaba junto al marco, observándome, tal cual un perro o un gato.

El sol día tras día, cielo despejado tras cielo despejado y azul, me acaban enajenando.

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Cosas de pueblo pequeño

En el cuarto la luz del día que se apaga entra por las persianas. No es de noche pero el urbanita ya está en cama. Puesto que es otoño el que atardezca no supone siquiera que sea una hora vespertina, apenas dan las dieciocho horas en el reloj digital del despertador sobre la mesilla de noche. Si estuviera enfermo habría explicación. No obstante, el pecho no está congestionado, no presenta fiebre alta. Es solo tristeza la que hay en sus ojos mientras observa el techo de la habitación.

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Razones

Una carretera de montaña con apenas anchura para dos coches. Tengo que dar la vuelta, no se me ocurre otro sitio donde hacerlo que ese. Provengo de una curva, voy hacia otra a apenas cincuenta metros. A mi espalda un precipicio considerable, tanto que me entra el pánico por el vértigo. Si un vehículo se aproxima por alguno de los lados no tendrá tiempo para parar ni espacio para esquivarme, sobre todo si es uno de esos turistas mentecatos que circulan a noventa en una carretera de cuarenta. La pendiente de la calzada es tal que al retroceder la gravedad tira de mí. Más pánico, el terror me paraliza. Pero acierto a pisar el pedal, ninguno coche viene. Consigo incorporarme, sigo vivo.

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