El árbol en el bosque

Elarbolenelbosque

El árbol en el bosque es una novela de juventud que escribí entre el 2006 y el 2007.

Trata de un joven arquitecto que en su primer trabajo es enviado a hacer una dirección de obra a un pueblo apartado en lo más intrincado del entorno rural. Lo que en principio aparenta ser un hecho anodino más, algo que añadir a su catálogo de existencias banales, se convierte en un capítulo trascedental de su vida al concederle revelaciones sobre el amor, sobre la belleza, sobre la humanidad y, más importante, sobre sí mismo.

El árbol en el bosque. Manuel José Sierra Hernández

Dicen que los árboles no saben qué forma tiene el bosque, ni las células la efigie del organismo el cual conforman. Igual me ocurre a mí, no sé qué idea sonsacar de mi existencia. Recuerdo una vez de pequeño con mi abuelo regresando de la granja en su furgoneta. A la entrada del pueblo vimos a un hombre que iba caminando por la carretera, mi abuelo lo reconoció, se trataba de un viejo amigo suyo, un terrateniente dueño de infinidad de hectáreas de eucalipto, y como hacía tiempo que no se veían el segundo le invitó a recorrer sus tierras. A esto que en la vereda de un camino de tierra vemos un árbol, una encina que había crecido allí espontáneamente; no sé si es correcto decir espontáneamente, digamos sin consentimiento del hombre.

– ¿Y eso?- Preguntó mi abuelo señalando a la encina.

– Ah, eso.- Respondió su amigo- Eso es algo que ha crecido ahí. El bosque da dinero y ese árbol no da nada, algún día lo cortaré.

Yo por entonces, como niño bajo el ejemplo de mis mayores, estuve de acuerdo con el comentario. Hoy no sé qué pensar. Me parece un poco lamentable el hecho de que se disponga de ese modo de la vida de un ser vivo, aunque he de tener en cuenta que estos hombres vivieron en una época diferente a la mía, de hambre y de posguerra, y que gracias a actitudes como esta levantaron el país.

Te cuento esto porque esta mañana me ha venido a la mente la imagen de aquella escena. Me encontraba con el coche, en mi Ford de segunda mano bajando por una carretera de montaña, rodeado de bosques, ya no de eucaliptos sino de pinos, y en una curva vi un alcornoque, un alcornoque pequeño que no llegaría a levantar del suelo cuatro metros y al que no han descorchado en su vida. Esto es, crecido a la vera del asfalto espontáneamente, sin consentimiento del hombre. Me he sentido como ese alcornoque, solitario y único de su especie rodeado de pinos, y que incomprensiblemente, aunque se nutre del mismo suelo, del mismo agua de lluvia, y es mecido por el mismo viento, no pertenece al bosque.

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