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Piloto de guerra. Antoine de Saint Exupery

Novela narrada en primera persona, dos años antes del fallecimiento del autor durante una misión aérea, a un año de la publicación de su gran obra y por la que será recordado por los tiempos venideros, “El principito”. Mil novecientos cuarenta, el ejército francés es derrotado y embolsado en Dunquerque, las tropas alemanas avanzan hacia París, y los habitates de las localidades de la frontera belga abandonan sus casas y marchan en desbandada al sur. El ejército francés ha sido derrotado, del Estado Mayor prácticamente quedan los restos, pero los pilotos de la brigada de reconocimiento siguen volando y planeando sobre las zonas en conflicto para tomar fotografías y generar informes. ¿Para quién?, esa es la gran pregunta. A la velocidad con la que avanzan los alemanes, cuando las fotos lleguen a dónde tienen que llegar, o no habrá nadie para examinarlas o ya será demasiado tarde. Dos de cada tres misiones no regresan. El esfuerzo asemeja inútil. Pero aún así los aparatos despegan. De la novela cabe distinguir dos partes, separadas en algunos puntos y entrelazadas en otros. Una primera que relata los hechos, la misión, y una segunda que expone los argumentos por los cuales Antoine de Saint Exupery se debate: “Parece absurdo volar y exponerse a una muerte casi segura en estas condiciones, pero no lo es”. Esto es, una exposición de los ideales del autor, una elucubración sobre por qué, a pesar de los obstáculos, del contexto, de la futilidad, él saldrá una y otra vez al aire. La defensa del honor, de la honradez, de sus principios, de su preocupación por el ser humano, con una frase por la cual la libertad en una sociedad se vislumbra cuando la masa no prepondera ni aplasta al individuo.

El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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Muchos gatos para un solo crimen. Ramón Díaz Eterovic

Volumen de corta distancia que integra tres cuentos cortos y un ensayo sobre el detective Heredia y su gato Simenón. Previamente no conocía a Ramón Díaz Eterovic, ni al detective Heredia. Con lo poco que he leído de ellos no sería lícito llegar a una conclusión. Pero como primera impresión el detective Heredia es un investigador sobrio, cabal, como debe serlo el propio escritor, poco dado a rimbombancias ni a barrosquismos. De resultas he hallado en un escritor chileno lo que hacía tanto tiempo andaba buscando en la literatura negra española, un autor que fuera directo al grano, con un estilo de redacción llano, sencillo, exento de aspavientos, que llame las cosas por su nombre, con el crimen como protagonista sin recargar la escena de metáforas insufribles e innecesarias. Al pan pan y al vino vino. Así como un detective humano, de término medio, que sobrevive y no lo hace invadido de amargura y de rencor como otros. Una lectura recomendable, para el día a día. En resumidas cuentas, el preámbulo perfecto para introducirse en la serie del Detective Heredia y en la obra de Díaz Eterovic.

El monasterio encantado. Robert van Gulik

En el siglo VII China no había sufrido las decadencias cíclicas de Occidente. Su existencia devenía ininterrumpida. La civilización se perpetuaba, había leyes, había funcionarios, había jueces que acudían para investigar y resolver los crímenes y misterios. Uno de ellos, el juez Di, fue un personaje real famoso por sus dotes detectivescas. Se conservan pocas historias del mismo, pero eso no ha sido óbice para que Robert van Gulik se haya inspirado en el carácter para componer un compendio de novela negra surtido e interesante. Una noche lluviosa, una parada forzosa para pasar la madrugada y la tempestad en un monasterio taoísta en la ladera de una montaña, tres crímenes sin resolver, y sombras funestas por los rincones. Lo que sorprende es la actualidad de la historia narrada, el grado de civilización que alcanzó China en el VII, descrito en el libro, que no deja de hacer rememorar detalles del tiempo presente. La sorprendente humanidad que sobrepasa las barreras culturales y del género.

1898. Los últimos de Filipinas

El atrevimiento de hacer una película histórica en España. Por un lado los que piensan que este título busca desfigurar aún más la figura de la gloria pasada española. Por otro lado, los que ensalzan el buen hacer del director y de los actores. Y en tercer lugar los que dicen que si esta hubiera sido una película americana nos hubiéramos hartado de aplaudir. Y ahora yo digo, si esta hubiera sido una película americana, no me habría gastado los seis euros y veinte céntimos de ir al cine. Lo hice porque era española y el tema me interesaba.

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Ética vs adaptación

“El hombre de las mil caras”, película de Alberto Rodríguez, del que ya se podría decir que es el gran renovador del cine español a base de noir y un brutalismo descarnado. El título está basado en hechos reales, algo que ya es Historia, forma parte del relato de este país, los sucesos relacionados con la intervención de Francisco Paesa en la detención de Luis Roldán, uno de los grandes engaños y polémicas que ha sufrido España en la historia reciente. Dotada de un ritmo que engancha desde el principio, en lo que podría considerarse, más que una ficción o una película de cine en sí, un documental, al estilo de Spotlight, no obstante sin la sensiblería típica estadounidense, compuesta a base de rock and roll tecnificado y machacón, música que es empleada como contraste. Esos señores tan trajeados y repeinados, en esas urdimbres tan complejas y sofisticadas, pero a la vez respondiendo a unos instintos insultantemente primarios y bajos.

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Star Wars para Dummies

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Para todos aquellos que dicen que no son de Star Wars, o los que critican la mitomanía que se ha generado en torno al fenómeno.

Los ochenta son los ochenta gracias a Star Wars. 1977, en el mundo todavía coleaban los efectos de la crisis energética, encarecimiento del petróleo, cierre de industrias, paro generalizado, la guerra fría que se recrudece con la política de Brezhnev. La economía occidental que todavía no sabe para donde tirar. En este contexto la narrativa es poco dada a fantasías. James Bond, Barry Lindon,… Predomina el realismo en un mundo en el que la gente parece querer tener los pies en la tierra.

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