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El faro cósmico. Claudio Yelnick

Novela de ciencia ficción francesa de corta extensión, muy pródiga en ideas, a decir verdad con un trasfondo muy original, que difícilmente he contemplado en otras partes. Solo que quizás al desarrollo le falta hondura humana. Me explico. Más tensión. El misterio y el horror duran demasiado poco. Mejor organización, la tragedia del protagonista se cuenta demasiado tarde, se incluye casi de manera forzada. El debate científico sobre las causas del fenómenos ocupa quizás todo lo que tendría que haberse extendido el autor en las tramas internas de los personajes. Eso la convierte en una novela simple, de segunda categoría.

Sin embargo, recomendable como un título necesario para los amantes de la ciencia-ficción.

Ah, y aviso para navegantes, en el caso de que la edición contenga un prólogo, no lo lean. Chafa el conjunto de la trama.

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Cualquier otra cosa

Me preguntó una alumna el viernes si le recomendaba estudiar arquitectura. Lo hizo justo en la hora después que un compañero me comentara el rumor de que la Junta de Andalucía está planteando la posibilidad de cambiar el sistema de oposición de tal manera que solo aquel que ha estudiado historia pueda enseñar historia. Es decir, que yo como arquitecto, a pesar de que llevo más de un año enseñando la asignatura, no podría presentarme el año que viene. A pesar de que es tan solo un rumor el cuerpo se me puso a temblar, tanto que estuve a punto de decirle a la niña en cuestión: “Estudia cualquier otra cosa”. Porque desde luego los arquitectos ya no pintamos nada. Resulta que está en proyecto una ley que permitiría a los ingenieros firmar edificios, de tal modo que los arquitectos quedaríamos como una especie de diseñadores caros. Por otro lado, si nos metemos en el campo de la docencia la consideración social es que solo podemos impartir matemáticas y dibujo, a pesar de toda la historia del arte que damos, y del urbanismo que es la base de la geografía urbana. O que personalmente me he especializado en esos campos precisamente, con una tesis doctoral a mis espaldas. Pero no, un arquitecto solo puede diseñar edificios. Y si no lo hace, ¿qué le queda? Meterse a político o terrorista. Seguro que le tienen en mayor estima.

El monasterio encantado. Robert van Gulik

En el siglo VII China no había sufrido las decadencias cíclicas de Occidente. Su existencia devenía ininterrumpida. La civilización se perpetuaba, había leyes, había funcionarios, había jueces que acudían para investigar y resolver los crímenes y misterios. Uno de ellos, el juez Di, fue un personaje real famoso por sus dotes detectivescas. Se conservan pocas historias del mismo, pero eso no ha sido óbice para que Robert van Gulik se haya inspirado en el carácter para componer un compendio de novela negra surtido e interesante. Una noche lluviosa, una parada forzosa para pasar la madrugada y la tempestad en un monasterio taoísta en la ladera de una montaña, tres crímenes sin resolver, y sombras funestas por los rincones. Lo que sorprende es la actualidad de la historia narrada, el grado de civilización que alcanzó China en el VII, descrito en el libro, que no deja de hacer rememorar detalles del tiempo presente. La sorprendente humanidad que sobrepasa las barreras culturales y del género.

En el patio. Malcolm Braly

“En el patio” trata sobre muchas injusticias, pero ninguna que permita destacar a un ser por encima del resto. Trata de seres desquiciados por el sistema, sin embargo no se concentra en una locura en particular. En otras palabras, no estamos ante un “Cadena perpetua” o una “La milla verde” de Stephen King, ni ante un “Prison Break”. En el patio, de Malcolm Braly, por definir esta obra en pocas palabras, es posible encuadrarla como una especie de “Manhattan Transfer”, o más cercano, de una “La Colmena”, en versión carcelaria. Con personajes que no destacan los unos sobre los otros, que conectan entre sí sin que exista una prevalencia y una prioridad, la acción transcurre de manera natural, cotidiana, la vida común en el presidio. Por ello acaba siendo, al menos para mi gusto, más interesante que cualquier historia concreta sobre un ser concreto por muy espectacular que resulte. Redactada en estilo sencillo, claro y conciso. Aunque rico en descripciones, de los gestos, de las costumbres, de los rasgos y de como visten habitualmente de desaliñados o manteniendo la compostura los reos. Todo ayuda a conformar la psicología, cada detalle aumenta la precisión y la viveza con que uno puede contemplar y experimentar la soledad, el desamparo y la fuerza institucional de ese submundo.