Archivo de la etiqueta: Ciencia Ficción

La mente de continuo

Diez horas seguidos juntos, con la cabeza carburando, el cerebro funcionando, ese sistema complejo mutando de continuo, esas neuronas elucubrando, no confío en alguien que después de diez horas permanezca igual, albergue los mismos pensamientos, ideas y actitud que diez horas antes, no puedo mirar sin sospechar a alguien que sea capaz de sonreír durante diez horas seguidas, hipocresía implicada, falsedad, inciertas intenciones, o simplemente que no hay mente, no hay pensamiento, simplemente máquina, estoy rodeado de robots, soy la única persona normal en la habitación.

El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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Dioses de los ochenta

Dioses de los ochenta,

no hacía falta que fuerais buenos actores,

ni que tuvierais interpretaciones redondas,

solo vuestro rostro que llenaba la pantalla.

Dioses de los ochenta,no eran necesarios los guiones sin resquicios,

ni los efectos especiales sin trampa ni cartón,

solo la imaginación, únicamente el delirio de vuestras ocurrencias.

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Cazadores de microbios. Paul de Kruif

Cazadores de microbios es probablemente el libro con el que más he disfrutado en los últimos tiempos. Sin ser una novela, sino un libro de divulgación científica, a más decir algo desactualizado teniendo en cuenta que se publicó en 1926, sin embargo que no ha perdido su vigencia ni su interés. Para los amantes del método científico y de las casualidades. Tener en cuenta el tema peliagudo que trata, que puede producir hipocondría, paranoia e incluso terror como es el de las enfermedades y los microscópicos seres que las habitan. Pero por esta misma razón cerciorarse de lo sobrehumano de aquellas gentes: Pasteur, Robert Koch… que se enfrentaron a aquello que ciertamente sabían que podría matarles y aún en esta tesitura prosiguieron de frente. “Cazadores de microbios” tiene la ventaja del momento en el que se escribió, cuando la ciencia y la batalla que detalla aún estaba en sus inicios, en el instante de los pioneros, y no se había vuelto compleja, intrincada y farragosa. “Cazadores de microbios” es como leer la colonización de América o la conquista del oeste desde dentro, mientras tenía lugar, reconocer en los héroes los seres humanos que son y no simples batas detrás de un microscopio.

Premoniciones/Intuiciones

– Vas demasiado aprisa- se queja la mujer en el asiento del copiloto.

– Perdona, no me he dado cuenta.

– Heriberto, ¿has bebido? Te noto más precipitado al volante.

– No, no he tomado gota. Solo que… supongo que estoy un poco nervioso.

La mujer sonríe y le acaricia suavemente la rodilla. Es atractiva, en mitad de la treintena, delgada, los pechos como el trasero pequeños y redondos, el pelo liso, teñido de castaño cobrizo, cortado sobre los hombros, el rostro ovalado y los ojos almendrados. En esos momentos se dispone ataviada con vaqueros, zapatos negros con tacón ancho y una blusa gris oscuro.

– Yo también lo estoy. No te vayas a creer que hago esto todos los días.

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El profesor de Religión

El profesor de Religión comenzó de ese modo: ¿Por qué existe algo y no la nada? La pregunta reverberó contra las paredes del salón de actos sobre la concurrida audiencia; nadie quería perderse la primera clase de una asignatura llamada Religión tras el proceso revolucionario, sin estar acompañada de un epíteto como “católica”, “islámica” o “luterana”. Simplemente religión a secas.

Podríamos decir: Existe algo porque nos lo dicen nuestros sentidos, porque palpamos ese algo, porque nosotros mismos somos ese algo. Pero eso no nos responde a la pregunta: ¿Por qué existe algo en vez de nada? Nuestros sentidos podrían engañarnos, el mundo que nos rodea podría ser una mentira, una invención de un geniecillo maligno que pretenda esclavizarnos. Hace tres siglos Descartes dio con una respuesta: Pienso luego existo. Puesto que puedo pensar estoy necesariamente aquí. La clave es ahora concebir de qué manera podemos estar seguros de que el resto del mundo existe. Una podría ser identificada a través de la ciencia.  La física algún día nos ofrecerá respuestas a por qué el universo existe. La segunda vía sería la metafísica. Francamente, la razón no puede ofrecernos respuesta a lo que está más allá de lo cognoscible. Y la certeza es confiar, como hizo Descartes, en la presencia de un ser superior, de un Dios bueno y omnipotente que es quien nos asegura, quien me asegura, que todas esas personas que ahora mismo me escuchan realmente están ahí. Esta ultima senda es la que propondria una persona religiosa.

La posibilidad de la magia

Decía Giorgio Agamben, a través de una dudosa referencia a Walter Benjamin, que los niños se sienten frustrados de sus mayores por no ser capaces de hacer magia. A esto cabe contraponer el pensamiento de los empiristas ingleses del siglo XVIII que opinaban que los niños creen en la magia porque no son lo suficientemente adultos para distinguirla de lo real. En esta disyuntiva prefiero situarme del lado de los primeros. Los infantes son perfectamente capaces de identificar lo real, es lo que contemplan cada día, y la magia es la posibilidad irrealizada, son los límites del universo cognoscible, la frustración por no poder ir más allá. Por lo tanto, en palabras de Agamben, nada hace más feliz a un niño que la magia. La pasión por los dinosaurios, es decir, por seres tan grandes como edificios, al menos mucho mayores de los que existen en la actualidad. El interés por los animales que hablan, o dicho de otro modo, por criaturas irracionales y limitadas que acogen cualidades humanas. La búsqueda de entidades mágicas, tipo gnomos, elfos, hadas, orcos, goblins, que oponer al ser humano y demostrarle así que no es el único ser racional sobre la creación. La inmensa frustración que va a acometiendo al ser que se desplaza hacia la madurez porque todo esto aparentemente no existe.

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