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Los Ochenta existieron

Parece mentira pero uno llega a dudar de ello, entre tanto Insidious, Sinister, El corredor del laberinto, A3M sobre el cielo, mujeres, hombres y viceversa, reggaeton, Ricky Martin,… En en instituto les mencionas a los niños sobre Robocop, ET, The Goonies, David Bowie, Queen,… ¿Mande? Si hasta los que van de otakus no saben lo que fue AKira, Bola de Dragón, Los caballeros del zodiaco, Bioman,… ¿Mande? Ante esto o bien puedes decir “estoy desactualizado”, o resistirte, por mucho que los estudiantes opinen así el presente no lo es todo, los ochenta también existieron.

Ponga a un tímido en su vida

Ponga a un tímido en su vida, a uno de esos de talentos ocultos, callado, taciturno, que no acose, que no resulte coartante, que espere a que le hablen y le den pie, y aún así se sonroje cuando se presente en público. Un tímido no insistirá, ten por seguro que aceptará un no por respuesta, difícilmente se convertirá en un pesado, en uno de esos que ponen la cabeza como un bombo para que te acuestes con él o que le firmes la póliza del seguro, incluso si resulta que le dices que no porque quieres parecer interesante, comprobarás que tendrás que ser tú quien dé el siguiente paso ya que él ya ha retrocedido marcha atrás. No te preocupes si no sabe combinar colores como un amigo gay, si no se halla a la última moda; si le pides que vaya contigo de compras lo hará, simplemente por el placer de tu compañía; no te aconsejará sobre ropa de Zara, de Primark o de Kiabi pero a cambio te hablará del bikini de la princesa Leia, de lo excitantes que resultan las vulcanianas con el uniforme de la Federación, de los estrafalarios vestidos que no se sabe si son de inspiración rococó, de la época victoriana o estilo Imperio de las magic girls japonesas. Existe la probabilidad de que si sales de tiendas con un tímido acabes ataviada como una superheroína de los cómics, pero en ese caso te quitas la preocupación de que haya otra chica en la fiesta con el mismo vestido. También que comiences a hablar de cosas raras y poco prácticas como de las diferencias entre hobbits y enanos, o de las distintas clases de escobas en el Quidditch, no obstante si lo haces descubrirás que algunos hombres realmente escucharán y pondrán atención en lo que dices. Con un tímido comprobarás que los valores anticuados todavía siguen vigentes. Como la lealtad, la fidelidad, la nobleza, la consideración, la empatía. Han leído tantas novelas históricas sobre caballeros andantes, sobre damiselas en las cruzadas, han absorbido tantas lecciones moralistas, aunque sean en clave de guerras espaciales, sobre el honor y la distinción entre el bien y el mal, que como don Quijote han terminado por tenerlas presentes en toda su vida. Y por si fuera poco con un tímido te reirás, no tanto porque sean especialmente achispados y lenguaraces, sino porque tan diferente es su manera de hacer las cosas, tan distinta de la habitual a la que se pueda tener costumbre, que aunque no quieras soltarás una carcajada cuando se te ponga a hablarte sobre su rutina cotidiana y te comente acerca de los sucedáneos de espadas láser que tiene en su cuarto, la colección de muñequitos de magia y hechicería perfectamente ordenados en sus vitrinas, que se levanta a las siete de la mañana aunque no tenga que hacerlo sencillamente porque su gata se pone a arañar en la puerta, el ritual con que cada amanecer le sirve el tazón de leche al animalito, el prístino cuidado que le pone al vestirlo con el chalequito de Batman, el aburrimiento que le acomete en la reunión de trabajo con los compañeros por la simple razón que nadie habla de dragones. Te cuenta todas estas cosas y al principio crees que se está riendo de ti y te está tomando el pelo. Pero resulta que no. Esa soberana ingenuidad de la que hace gala, esa sinceridad inquebrantable a prueba de bombas, la educación y el respeto que le proporcionó su dominante madre, y lo mono que se pone cuando se azora sin razón…

John Rambo

En principio es otra película de acción, donde para distinguirse la violencia es cada vez más cruda, más visceral (literalmente), con brazos cortados por las balas, cabezas explosionadas por francotiradores, soldados descuartizados en un tiroteo,… Tengo amigos flipados de las armas que no es que tengan un arsenal de fusiles en casa (en España estaría prohibido), sencillamente que a veces parece que su única conversación verse sobre estadísticas de armamento, de los kilopondios de fuerza que imprime un proyectil, de que es más potente, si una flecha lanzada por un arco o una bala de 9mm, etc. Esto es, no les hace falta tener fusiles, se los imaginan y los viven. Y a estos flipados les preguntas: lo que sale en John Rambo, ¿es verídico? Y te contestan: “Lo es”.

Aparte de que el cine de Hollywood se acerque a una mayor verosimilitud en su tratamiento de la violencia, y con ello te entre un escalofrío por dentro al contemplar la crudeza de la guerra, si hoy saco a colación esta película no es tanto por su argumento, o por sus cualidades en sí (que a excepción de los tiros no se diferencia de otras tantas cintas del montón), sino porque da la casualidad de que hace poco leí un cómic de Guy Delisle, “Crónicas Birmanas”, ambientada en la misma nación en la que se desarrolla John Rambo. Guy Delisle es un dibujante que viaja por el mundo acompañando a su esposa que es doctora de “Médico sin fronteras”, en un momento dado transita por Birmania (o mejor dicho, Myanmar) y más o menos lo que su obra narra es una autobiografía de sus andanzas por allí. Guy Delisle no es para nada violento, no se vayan a pensar. Describe personas, géneros, situaciones a veces cómicas, a veces extrañas, nos relata sobre la vida cotidiana… como ven todo alejado de una situación de guerra. Sin embargo, Delisle no deja de apuntar que Myanmar vive hoy en día en una dictadura militar donde hay zonas del país a las que no se permite que ningún extranjero, ni siquiera personal sanitario de “Médicos sin fronteras”, se adentre. Hay estrictos controles, no se deja llevar cámaras, las carreteras están cortadas, etc.CronicasBirmanas

Y la cuestión es que comparando esto con John Rambo te llegas a preguntar: “¿Y si lo que narra la película fuera cierto?” No me refiero tanto al personaje en sí, sino a las atrocidades que los militares birmanos acometen con las etnias de las zonas de conflicto, las matanzas indiscriminadas, los asesinatos impunes, las torturas, los juegos de muerte,… Lo cual no solo ocurriría en zonas apartadas de Myanmar, sino que ahí tenemos África a la vuelta de la esquina donde se sabe a ciencia cierta que hay milicias, niños soldado, miles de niñas convertidas en esclavas sexuales,…

Y mi pregunta ante esto es, ¿por qué a nadie se le ha ocurrido vender John Rambo como una película de concienciación?