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Los elementos

El pacto que mantienen no tiene vuelta de hoja. Una relación puramente hedonista, sin implicar sentimientos, sin ir más allá del puro sexo, del puro compartir un momento iluminado. Tan solo existe el siguiente compromiso: que sin importar sin están solos, amargados, exultantes, o en el comienzo de una incipiente relación, correrán el uno al otro cuando los elementos se precipiten sobre la tierra, cuando se avecine la tormenta, el vendaval, la tempestad, la lluvia torrencial. La suya se trata de una relación basada en lo poco común. Salir de la ciudad, muy pocos están dispuestos a experimentar una experiencia similar. Lo demuestra la falta de compañía, no hay excéntricos como ellos que se adentren en la mina abandonada, en las ruinas del antiguo cuartel, que paseen por el sendero entre marismas con el viento que los arrastra. Su relación se basa en lo poco común, en el nuevo romanticismo, en el auténtico nuevo romanticismo, el sol brilla casi todos los días, la calma golpea con su puño de complacencia, y de algún modo hay que escapar. Contemplar el acantilado con el mar rugiente golpeando en su base, visitar los restos del faro junto a la costa con el viento huracanado, contar rayos eléctricos en lontananza dentro de la cabaña en el interior del bosque, compartir un momento de intimidad en la casona derruida junto a la carretera magnetizados por la humedad resguardándose del denso aguacero en el exterior a la par que sus cuerpos se aproximan. Su relación no está exenta de cierta locura, pero no por ello arriesgan su propia integridad. No se sitúan sobre el rompeolas con la galerna, no se emplazan bajo un árbol con la tempestad. Ella es más ducha en la fotografía, él en cambio es más volátil y caprichoso. Grabar los sonidos del cañaveral, introducir la mano en el oleaje de la laguna, meterse a explorar por entre las dunas. En el fondo son unos misántropos solitarios. Con su interés por adentrarse en el temporal se aseguran de contemplar los paisajes naturales ausentes de turistas, en la más íntima y personal austeridad. Únicamente la otra persona, su pareja en ese instante, no hay otro ser con el quieran compartir ese instante, no existe otro nombre, otro cuerpo, otro ropaje, con el que sentir el misticismo y la magia de los elementos.