Archivo de la etiqueta: Culto

Piloto de guerra. Antoine de Saint Exupery

Novela narrada en primera persona, dos años antes del fallecimiento del autor durante una misión aérea, a un año de la publicación de su gran obra y por la que será recordado por los tiempos venideros, “El principito”. Mil novecientos cuarenta, el ejército francés es derrotado y embolsado en Dunquerque, las tropas alemanas avanzan hacia París, y los habitates de las localidades de la frontera belga abandonan sus casas y marchan en desbandada al sur. El ejército francés ha sido derrotado, del Estado Mayor prácticamente quedan los restos, pero los pilotos de la brigada de reconocimiento siguen volando y planeando sobre las zonas en conflicto para tomar fotografías y generar informes. ¿Para quién?, esa es la gran pregunta. A la velocidad con la que avanzan los alemanes, cuando las fotos lleguen a dónde tienen que llegar, o no habrá nadie para examinarlas o ya será demasiado tarde. Dos de cada tres misiones no regresan. El esfuerzo asemeja inútil. Pero aún así los aparatos despegan. De la novela cabe distinguir dos partes, separadas en algunos puntos y entrelazadas en otros. Una primera que relata los hechos, la misión, y una segunda que expone los argumentos por los cuales Antoine de Saint Exupery se debate: “Parece absurdo volar y exponerse a una muerte casi segura en estas condiciones, pero no lo es”. Esto es, una exposición de los ideales del autor, una elucubración sobre por qué, a pesar de los obstáculos, del contexto, de la futilidad, él saldrá una y otra vez al aire. La defensa del honor, de la honradez, de sus principios, de su preocupación por el ser humano, con una frase por la cual la libertad en una sociedad se vislumbra cuando la masa no prepondera ni aplasta al individuo.

Dioses, tumbas y sabios. C W Ceram

El propio autor de este libro indica en la introducción que su propósito fue escribir el equivalente de “Cazadores de microbios”, de Paul de Kruif, en el campo de la arqueología. Esto es, un libro de divulgación sobre los doctos, los sabios, los aventureros, que han permitido el redescubrimiento de las civilizaciones pretéritas, escrito en un lenguaje ameno, que interese y no aburra, que no redunde en largas y farragosas listas de términos, de fechas, sino que haga hincapié en el logro, en el milagro científico, que supuso por ejemplo en su día el desciframiento de los jeroglíficos por Champollion, o el hallazgo de la cámara funeraria casi intacta de Tutankamón. Tras el desenterramiento de la máscara del joven faraón hubo un montón de trabajo, un sinfín de precedentes, el surgimiento de nuevas ideas, de una nueva manera de entender y de respetar el pasado no como cantera, ni de reserva de oro para fundirlo, sino como patrimonio. Este libro se escribio como homenaje a todo ese desarrollo oculto tras la parafernalia de los grandes hallazgos.

Dioses de los ochenta

Dioses de los ochenta,

no hacía falta que fuerais buenos actores,

ni que tuvierais interpretaciones redondas,

solo vuestro rostro que llenaba la pantalla.

Dioses de los ochenta,no eran necesarios los guiones sin resquicios,

ni los efectos especiales sin trampa ni cartón,

solo la imaginación, únicamente el delirio de vuestras ocurrencias.

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Relatos tempranos. Truman Capote

Según detalla la sinopsis y el propio título, este volumen enmarca una serie de cuentos y relatos breves escritos durante la adolescencia hasta los primeros años veinte del autor. El escritor, que posteriormente se volvería un personaje de culto, afila aquí sus artes y sus mañas. Los argumentos son bastante simples; quizás para una mente juvenil, y en una época en la que no estaban saturados de información, truculentos en algunos aspectos, pero hoy en día que pecan de ingenuidad. En algunos casos, con las primeras frases puede uno adivinar el trasunto de la trama. Aunque el valor de un libro como este se halla en el estilo, en comprobar que a tan tiernas edades Truman Capote ya apuntaba maneras de descriptor aguzado, con comparaciones lúcidas, creando sensaciones coloristas y sonoras sobre la trama. Una curiosidad, un divertimento, como preparativo para narraciones más arduas y comprometidas.

Cazadores de microbios. Paul de Kruif

Cazadores de microbios es probablemente el libro con el que más he disfrutado en los últimos tiempos. Sin ser una novela, sino un libro de divulgación científica, a más decir algo desactualizado teniendo en cuenta que se publicó en 1926, sin embargo que no ha perdido su vigencia ni su interés. Para los amantes del método científico y de las casualidades. Tener en cuenta el tema peliagudo que trata, que puede producir hipocondría, paranoia e incluso terror como es el de las enfermedades y los microscópicos seres que las habitan. Pero por esta misma razón cerciorarse de lo sobrehumano de aquellas gentes: Pasteur, Robert Koch… que se enfrentaron a aquello que ciertamente sabían que podría matarles y aún en esta tesitura prosiguieron de frente. “Cazadores de microbios” tiene la ventaja del momento en el que se escribió, cuando la ciencia y la batalla que detalla aún estaba en sus inicios, en el instante de los pioneros, y no se había vuelto compleja, intrincada y farragosa. “Cazadores de microbios” es como leer la colonización de América o la conquista del oeste desde dentro, mientras tenía lugar, reconocer en los héroes los seres humanos que son y no simples batas detrás de un microscopio.

Forma y complejidad 09

En la antagonía del gen el segundo tipo de transduccion es la transducción operativa, cuyo elemento base son los “datos”.

Las características de este tipo de transducción son los siguientes:

  • Los datos han sido compuestos por un observador.

  • Los datos se refieren parcialmente al objeto.

  • El dato es independiente del objeto.

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El verano. Albert Camus

Estamos ante una recopilación de ensayos y artículos periodísticos de Albert Camus escritos entre la década de los treinta y principios de los cincuenta. Curiosamente ninguno de ellos trata específicamente sobre el verano. Pero se percibe y se destila un cierto aliento, un aroma y brisa en las palabras y en los temas que hacen sugerir que estos textos han sido escritos durante el verano, o al menos fueron redactados pensando en la etapa estival. La época del estío, la estación perfecta para relajarse cómodo y repanchigado en la silla de una terraza, para disfrutar confortablemente de la calidez nocturna y de los espectáculos. El tema de los artículos es muy dispar entre sí. Algunos son elucubraciones desaforadas, otros descripciones detalladas. Por recomendar, por lo menos echar un vistazo a los primeros textos que tratan sobre la vida en Orán. La lectura de esas treinta primeras páginas rebosa el alma de maravillas y de placidez tal cual el aire seco y raspante de desierto.