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Forma y complejidad 02

Concluíamos: la forma como factor de relacionabilidad. Con esta definición, si fijamos “forma” como aquello que se pone en juego en las relaciones, del mismo modo se establece la forma como lo que crea distinciones.

El interrogante es el siguiente: ¿puede concebirse el concepto “relación” sin al menos dos o más entidades que se relacionan? Dicho de otro modo: ¿puede un ser relacionarse consigo mismo? La respuesta a priori por nuestra experiencia parece que es afirmativa. Sin embargo, lo es porque nuestra forma nos compone como entidades donde se pueden distinguir diversas partes. Como mi tronco, mi cabeza, mis brazos. Por ejemplo, con mi mano toco mi pié, es un modo de relacionarme conmigo mismo. Pero si solo existiera una mano. O incluso no una mano, sino una masa informe e indiferenciada. ¿Qué sentido tiene que dentro de un continuo indiferenciado se establezca de repente un vector? Mejor dicho, el que se pueda disponer dicho vector crea una relación, y a la vez una distinción, una distinción en cuanto que abrimos la posibilidad de un enlace entre un punto localizado y otro, únicamente entre esos dos puntos con un recorrido intermedio destacándolos del resto.

Por lo tanto la forma como factor de relacionabilidad y al mismo tiempo como aquello que crea distinciones. La noción de forma se haya correlacionada con la noción de alteridad, de la existencia de un otro.

Las tinieblas. Leonid Andréiev

“Las tinieblas” es una novela corta de Leónidas Andréiev, unos de los escritores más prolíficos de los inicios del siglo XX ruso. Dos desconocidos se encuentran en una habitación. Él, Alexéi, es un terrorista anarquista, de carácter idealista, coherente, absolutamente convencido de que actúa de manera correcta, tanto que se considera a sí mismo, a pesar de su acciones terroristas, como una persona buena, cumplidora, intachable.  Ella, Liuba, es una prostituta que el hombre contrata no por vicio, puesto que jamás ha tocado a una mujer porque piensa que le apartará del camino recto, sino como estratagema para escapar de la persecución de la policía. La elige a ella entre la variedad de la casa de lenocinio porque interpreta, por su indumentaria, que es la más pura. Pero todo lo contrario. Es zafia, pícara, engañosa, malvada, caprichosa. Las personalidades contrapuestas pronto chocan. Sin embargo, en un alarde de atracción de polos opuestos, a lo largo del desarrollo de la corta escenificación resulta que ella termina siendo atraída por el idealismo del joven, y el hombre a su vez reduce a su altivez y se sumerge en la mundanidad de la que rebosa el mundo de ella.

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Bubú de Montparnasse. Charles-Louis Philippe

Novela decimonónica desarrollada en un ambiente decimonónico. Rebosa de falta de esperanza, de fe en un mañana mejor, de resignación. Pues claro. Describe la ciudad de París cuando París aún no conocía el París mejor, los tiempos de comodidad y confortabilidad, la bohemia de los años veinte, la reconstrucción de los cuarenta y cincuenta, los movimientos revolucionarios de los sesenta. Bubú de Montparnasse es un retrato de la sordidez en el XIX, probablemente el París más sórdido de cuantos ha habido, del submundo de la prostitución, donde los integrantes se sienten parte de la comunidad a base de compartir enfermedades, como la sífilis (por entonces incurable), y la miseria. La ciudad todavía trata a patadas a sus burgueses que aún así no se vislumbran capaces ni con ánimos de escapar. Las palizas, la cárcel, la violencia, la soledad, el desamparo, el abandono, el saberse capacitad@ de aspirar a una vida más favorable y digna, pero la trampa que supone la comunidad de los bajos fondos, considerar la carne como un producto, y la propia vida como algo en venta. Novela decimonónica, y con lenguaje decimonónico, cuando los escritores eran grandes moralistas y no simples descriptores. Novela corta, que se lee rápido, de lectura cómoda y confortable. Describe lo sórdido, aunque desde luego no se diseñó para un ambiente sórdido, más bien precursor de lo bohemio.

Ética vs adaptación

“El hombre de las mil caras”, película de Alberto Rodríguez, del que ya se podría decir que es el gran renovador del cine español a base de noir y un brutalismo descarnado. El título está basado en hechos reales, algo que ya es Historia, forma parte del relato de este país, los sucesos relacionados con la intervención de Francisco Paesa en la detención de Luis Roldán, uno de los grandes engaños y polémicas que ha sufrido España en la historia reciente. Dotada de un ritmo que engancha desde el principio, en lo que podría considerarse, más que una ficción o una película de cine en sí, un documental, al estilo de Spotlight, no obstante sin la sensiblería típica estadounidense, compuesta a base de rock and roll tecnificado y machacón, música que es empleada como contraste. Esos señores tan trajeados y repeinados, en esas urdimbres tan complejas y sofisticadas, pero a la vez respondiendo a unos instintos insultantemente primarios y bajos.

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Uno de los otros

Llevaba tiempo haciéndome esta pregunta, aunque el catalizador ha sido la película “Hair” de 1979 basada en el músical homónimo de 1968, un petardazo de película, pero resultón donde tiene que ser, al principio y, sobre todo, en los seis minutos finales con una conclusión que quita el hipo y destroza conciencias.

En cualquier caso. No soy rico, no vivo en la abundancia, la mayoría de mis amistades votan a este tipo de partidos, hablo con ellos a menudo de política, comparto algunos de sus puntos de vista, jamás me he codeado con los ricos, no quisiera hacerlo, consumo cultura, digiero y produzco cultura, parte de mi familia es de ese lado, algunos incluso participan activamente. Entonces, ¿por qué no soy uno de ellos, uno de los otros? ¿Porque no proclamo la revolución, trato de asaltar los cielos, destrozar el sistema y la reconstitución en otro (supuestamente) más justo? ¿Qué es lo que me falta para pasarme al extremo del brazo más cercano a mi corazón en el pecho?

¿Tan duro me resulta que parezca que piensen lo mismo, que a pesar de vestir diferente todos ellos asemejen ser calcos ideológicos? ¿Tan difícil es admitir que aparenten no ser capaces de razonar, que les justifiques porque están equivocados en tal o en cual aspecto y prosiguen erre con erre? ¿Tan inadmisible es que el soporte de sus ideas se base en hechos o en trifulcas del pasado que no tienen sentido en el presente, una llamada constante al resentimiento de lo que pudo ocurrir y no lo hizo, que parece más un culto a la muerte que la constitución de un nuevo tipo de tradición? ¿Tan contrario a tus ideas consiste que en ocasiones asemeje que el motu que los mueve es el odio ancestral y no el vive y deja vivir? ¿Tan disparatado es dejar de observar constantemente esa hipocresía, ese analizar la paja en el ojo ajeno sin observar la viga en el propio?

Aún así, a pesar de todos estos aspectos. ¿Qué es lo que me impide abrir el corazón? He nacido en el sistema, pero me ha consumido y regurgitado. En estas condiciones, ¿por qué no soy uno de los otros?

El colmo de Marx

Esta es una posibilidad que hace tiempo que se viene barajando tanto desde historiadores como seguidores de la ciencia ficción. ¿Y si la antigua Roma hubiera estado en condiciones de alcanzar la revolución industrial? Porque se ha demostrado que inmensos complejos fabriles existían, vinculados a un arroyo o un río, tal como se construyeron en la Inglaterra de mediados del siglo XVIII previa a la máquina de vapor de James Watt. ¿Y si los inventos de algunos de los grandes sabios de Alejandría que experimentaron con la fuerza del vapor no hubieran sido tildados de meras curiosidades sino que alguien los hubiera tomado en serio?

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Lineal o cíclico

Explicaba Hegel la historia a través del progreso del espíritu universal. Por definirlo de manera sencilla, y me perderé muchas cosas en el camino, el espíritu universal se entiende como el conjunto de las ideas, conocimientos, sentimientos y emociones de las sociedades humanas. El espíritu universal como algo que evoluciona, que se halla en constante proceso de aprendizaje. Las leyes de la evolución dialéctica del espíritu. A la tesis, claramente imperfecta, se opone la antítesis, igualmente imperfecta, y de ambas surge una síntesis, todavía imperfecta pero mejor que las anteriores. Esta síntesis enseguida pasará a ser una tesis, se le opondrá otra antítesis y así sucesivamente. Como resultado un proceso de evolución constante, siempre hacia el progreso. Hoy en día sabemos más que en el siglo XIX, a su vez en este siglo se conocía más que en el XVIII, y así de manera sucesiva. Con estas credenciales el concepto de historia de Hegel tiende hacia lo lineal. Con un principio donde surgió la primera tesis, una evolución a partir de la primera antítesis en la que el progreso se incrementa de manera contínua, y un final donde la tesis por fin será perfecta sin que se le oponga una antítesis, una situación en la que el espíritu universal se contemplará a sí mismo, el fin de la historia.

Para mantener una concepción lineal, hacen falta una serie de premisas o artículos de fe, básicos. El desaprendizaje no es una opción, la complejidad siempre aumenta, nunca se reduce, la información del sistema se halla en constante progresión creciente. La historia es lineal porque avanzamos irremediablemente hacia el progreso. Entonces, parece que no puede ser cíclica. Para introducir esta noción tendríamos que prescindir o añadir excepciones a alguno de estos artículos de fe. Por ejemplo, y fundamentalmente, el concepto de catástrofe, de cataclismo perturbador, una destrucción que supone el desaprendizaje, el olvido de lo ya sabido y logrado. Como las invasiones bárbaras. De la civilización romana la nueva sociedad cristiano-medieval tuvo que reaprender a construir, a edificar, a organizarse en estados complejos, a recobrar el sentido de la creación artística, literaria, intelectual, a recuperar el humanismo. Entonces, el desaprendizaje es posible. El cataclismo, ya sea en forma de invasiones, de epidemia, de crisis zombie, de ataque nuclear a gran escala, supone una situación de desaprendizaje mayúscula. Volver a comenzar, tener que reaprender, vuelta al comienzo del ciclo.