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El Oeste

El argumento de “El Oeste” se resume en la siguiente frase: “El relato de las peripecias de la tripulación del Hathórica, el primer barco fenicio que viajó a través del Mediterráneo hasta las costas de la Península Ibérica, y de lo que les aconteció allí”.

Se ha intentado que los topónimos se correspondan a los términos que se empleaban en la época. Así Gubla es la ciudad fenicia de Byblos; Kemet es Egipto y los Kemettuay los egipcios; Ilión, o Ilios, es Troya; Caftor, Kitim, Tanaya, el Iteru, Sardinia, Shikala, la isla Corcávina, los montes Haemus, o la isla de Ostra son, respectivamente, Creta, Chipre, la Grecia continental, el río Nilo, Cerdeña, Sicilia, Gran Bretaña, los Balcánes y Lampedusa. Aparte, el Promontorio Sacro es el Cabo de San Vicente, las Columnas del Océano el estrecho de Gibraltar, La punta de Sur se reconoce como Tarifa, Antigua es Antequera, el río Patos el Guadiana, el Baites el Guadalquivir, el Iberus el río Tinto y el Gran Promontorio el Cabo de Roca. El resto de nombres pienso que son fáciles de adivinar por el contexto.

Al final del libro se recogen dos apéndices. El primero referido a los tripulantes del Hathórica. El segundo respecto a las personas que se encontraron en su destino, especialmente mujeres.

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Teseo. Andrè Gide

Andrè Gide de nuevo en esta novela utiliza un mito griego para defender una realidad moderna. Teseo, asesino del minotauro, violador de doncellas, y fundador de Atenas. No obstante, una persona presentada como libre. Nadie le imponía lo que debía hacer, no se atenía al entorno. Si quería asesinar al monstruo, por mucho que el padre y la madre le rogaran que no lo hiciera al ser su hijo, él seguía al frente porque así se lo decían sus entrañas. Si se le entraba raptar a su hija menor de edad, adelante que él se empeñaba. Si ya como rey del Ática quitó tierras a los ricos para repartirlas entre los ciudadanos para que todos fueran iguales, porque así todo el mundo tendría la capacidad que tuvo Teseo, como príncipe hijo de un rey, de actuar según sus entrañas, todos reyes, todos capacitados para poseer y obedecer a sus deseos, él lo llevaba a cabo a pesar de las críticas. Novela corta, fácil y rápida de leer, incómoda en algunos aspectos, como la manera como Gide trata la pederastia, no obstante que hace reflexionar, e ideal para forjarse una opinión. Dependiendo de como reacciones ante esta publicación, así será tu tendencia política en los próximos días.

El ritual de la vieja taberna

La vieja taberna apesta a pis rancio, pero es el único lugar abierto que acoge al viajero en medio de la tempestad. En la vieja taberna encuentras a un cazador huraño y desconfiado con una cuenta pendiente con un oso de la montaña, a un cansado viajero que espera la llegada de su navío, a un soldado jactancioso y pendenciero a punto de marchar a la guerra, y a una mujer en la barra cuya belleza vivió tiempos mejores. En la vieja taberna, a pesar de la inmundicia y la decrepitud, de los muros que se caen, y de la humedad que se filtra por el tejado, todos los momentos son irrepetibles, puesto que cómo sabes si volverás a encontrarte con alguno de ellos. El cazador puede que sea devorado y que no se vuelva a saber de él, al viajero podría tragárselo el mar, el soldado perecer en el combate, y tu mismo podrías irte al día siguiente y no regresar. Por lo que aprovecha el momento, vive las circunstancias, emborráchate con el soldado, pide al cazador que te cuente sus historias, desafía a la mujer a un duelo y hazle la corte al oso. O cambia el orden de todo esto. Convida al cazador a un trago, que el viajero te narre sus aventuras, pelea con el soldado a puñetazo limpio, y pasa la noche con la mujer. Tú mismo. Lo bueno de la vieja taberna es que nadie se acordará de ti cuando te vayas, y quien sabrá de ti si caes o alcanzas fortuna, si sufres escarnio o el tiempo te reserva la gloria. Lo importante es el presente. Únicamente lo que hagas esta noche cuenta en la vieja taberna.