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El manantial de la doncella

Si ves “El manantial de la doncella” y no te emocionas es que estás podrido por dentro. Película dirigida por Ingmar Bergman en 1960, de trama sencilla, lo que fascina es la manera de describir los hechos, de meterse la cámara en la escena, en blanco y negro pero se puede observar el esplendor de la hierba, las tonalidades de la madera, la prestancia de las pieles, de las vestiduras, de las figuras. Y si fuera poco la capacidad para adentrarse en los sentimientos de los personajes. “El manantial de la doncella” no moderniza, no hace que seres de la edad media en la que está ambientada piensen y divaguen sobre circunstancias actuales. La moral es la que se desarrollaba en aquella época, la manera de pensar la de las gentes de la Suecia del siglo XIV, una trasposición de los dogmas de la fe cristiana, y la dificultad de compaginar la piedad, la inocencia, la bondad, con la naturaleza humana que se muestra compatible con la barbarie, con el salvajismo, con la lujuria descarnada, con la venganza. Llega a ser tan humana, tan íntima, que no es extraño que puedas desear al verla tener a alguien a tu lado a quien agarrarle de la mano.

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Los habitantes del bosque. Thomas Hardy

Novela pacata para una sociedad pacata. Publicada en 1887 francamente si confrontáramos los personajes de la novela con un espectáculo de hoy en día como “La que se avecina”, el resultado más plausible es que les estallara la cabeza. Thomas Hardy reside y escribe en plena sociedad victoriana, donde la norma de la buena sociedad pasa por la virtud moral. En el mundo de “Los habitantes del bosque” el cuerpo de una mujer es un templo que debe proteger a toda costa, el mayor sacrificio que puede hacer una mujer es ofrecer ese templo, y la mayor deshonra que un hombre lo acepte y después esto no implique nada. En cierto modo, esta novela de Thomas Hardy recuerda a las de Jane Austen, aunque hayan pasado ochenta años entre la una y el otro, quizás con mayor sentimentalismo, y donde los arquetipos de las obras de Austen no se contemplan tan claramente. “Los habitantes del bosque”, siguiendo un típico título de Austen podría denominarse como “Diferencia de clases y honorabilidad”. A finales del siglo XIX el que una familia fuera noble en el pasado todavía sigue importando, aunque los comerciantes son más ricos y poderosos que las antiguas estirpes de bien, son tildados como ciudadanos de segunda. “Los habitantes del bosque” es un novela muy bien tramada, en torno en un triángulo amoroso que dependiendo de las circunstancias pasa a ser cuarteto, quinteto, sexteto e incluso hepteto. Igualmente, en la época de Hardy empieza a vislumbrarse los primeros síntomas de la lucha feminista, aunque por el momento estos únicamente se contemplan en la educación. Las hijas de las clases plebeyas, siempre que sean pudientes, presentan vía libre al derecho de ser educadas como damas de la nobleza y de aspirar a más. Sin embargo, son las trabas sociales las que les impiden despegar. En plena superación de esta condición, los habitantes del Little Hintock aman, sufren, se revuelven y claman odio eterno pero que después se queda en agua de borrajas. Libro interesante que puede llegar a enganchar. Pero eso, aténganse, estamos en el siglo XIX, y en uno sinceramente muy anticuado.

El ritual de la vieja taberna

La vieja taberna apesta a pis rancio, pero es el único lugar abierto que acoge al viajero en medio de la tempestad. En la vieja taberna encuentras a un cazador huraño y desconfiado con una cuenta pendiente con un oso de la montaña, a un cansado viajero que espera la llegada de su navío, a un soldado jactancioso y pendenciero a punto de marchar a la guerra, y a una mujer en la barra cuya belleza vivió tiempos mejores. En la vieja taberna, a pesar de la inmundicia y la decrepitud, de los muros que se caen, y de la humedad que se filtra por el tejado, todos los momentos son irrepetibles, puesto que cómo sabes si volverás a encontrarte con alguno de ellos. El cazador puede que sea devorado y que no se vuelva a saber de él, al viajero podría tragárselo el mar, el soldado perecer en el combate, y tu mismo podrías irte al día siguiente y no regresar. Por lo que aprovecha el momento, vive las circunstancias, emborráchate con el soldado, pide al cazador que te cuente sus historias, desafía a la mujer a un duelo y hazle la corte al oso. O cambia el orden de todo esto. Convida al cazador a un trago, que el viajero te narre sus aventuras, pelea con el soldado a puñetazo limpio, y pasa la noche con la mujer. Tú mismo. Lo bueno de la vieja taberna es que nadie se acordará de ti cuando te vayas, y quien sabrá de ti si caes o alcanzas fortuna, si sufres escarnio o el tiempo te reserva la gloria. Lo importante es el presente. Únicamente lo que hagas esta noche cuenta en la vieja taberna.

Arn, el caballero templario

“Arn, el caballero templario” es una una superproducción sueca ambientada en la era de las cruzadas, basada en la trilogía de las cruzadas de Jan Guillou. En realidad de esta trilogía se hicieron dos películas, que en España se condensaron en una sola que dura en torno a las dos horas. Eso explica que como con “Alatriste” da la sensación de que hay demasiados sucesos o, mejor dicho, de que se acaba con terminar con uno cuando de repente sin venir a cuento comienza el siguiente, así como faltan nexos de unión, más metraje para explicar algunas cuestiones.

En cualquier caso es una película entretenida, con gran despliegue de medios sobre todo teniendo en cuenta de que se trata de una cinta europea y no americana, y a pesar de algunos defectos como los ya comentados o que en ocasiones abusa de los flashbacks y en algunas escenas de lucha la cámara asemejase que no se encuentra donde tuviera que estar explicando lo que sucede, se trata de un título interesante y recomendable para los amantes del cine histórico.

Conan el bárbaro

¿Por qué gusta tanto “Conan el bárbaro”? Me refiero a la película de 1982, protagonizada por Arnold Schwarzenegger y dirigida por John Milius, no a la estrenada hace pocos años. Pecaba de falta de medios y de presupuesto, muchos menos extras, no existían los efectos digitales, actores hercúleos, pasados de músculos, pero francamente inexpresivos, en algunas partes de la película hay fallos patentes, cortes demasiado bruscos, comentarios absurdos. Para colmo, este Conan ideado por John Milius apoyado en un guión de Oliver Stone se aleja bastante del personaje original. Conan nunca fue un esclavo, ni un gladiador, así como difiere en otros detalles biográficos tal que los fan enfervorizados del personaje rechazan la película.

Sin embargo, la película de 1982 es francamente superior a todos los libros y cómic que se hayan podido escribir alguna vez sobre Conan y en general sobre cualquier bárbaro. La razón hay que retrotraerla a otra película, probablemente la mejor dirigida y una de las más originales de la historia: “El bueno, el feo y el malo”, de Sergio Leone. “Conan el bárbaro 1982” es un western, con cascos y espadas y ambientado en una era fantástica, pero al fin y al cabo un western. Y no un simple western, sino un spaghetti western al estilo de Leone.

En primer lugar está rodada casi íntegramente en Almería. Esto, quieras que no, ayuda enormemente. Rodada en los parajes semidesérticos, agrestes, místicos, ascéticos e hipnóticos de Almería.

En segundo lugar, la banda sonora. Antes de “El bueno, el feo y el malo” la música era un simple acompañamiento. Sergio Leone conjunto con Ennio Morricone, fue el primero que hizo que la música no fuera meramente parte de la escena, sino la escena en sí, capaz de diferenciar un instante de otro, de crear un ambiente, de marcar la tensión, la emoción que predomina, el nerviosismo, el ahogo, la tensa espera, el saber que te estás jugando la vida, un paso en falso y estás muerto. Esto último se continua prodigiosamente en “Conan el bárbaro” en una de las mejores bandas sonoras de todos los tiempos, compuesta por Basil Poledouris, incluso superando a su predecesora puesto que la variedad de emociones es mayor: soledad, desolación, desamparo, abatimiento, esperanza.

Aparte, otra similitud es que los personajes no son meramente personajes, los personajes son propuestos como dioses. Estos títulos destacan por la abundancia de los primeros planos, tanto que llegamos a aprendernos de memoria sus líneas de expresión. En “El bueno, el feo y el malo” los personajes no son solamente unos forajidos. Gracias a los primeros planos casi podemos saber lo que piensan, sus ojos con demasiada frecuencia ocupan la enorme pantalla del cine o del televisor, como si quisieran hipnotizarnos, hasta tal punto que llega el momento en que no nos son unos desconocidos, si el rostro es el espejo del alma, con demasiada asiduidad durante el transcurso de la película contemplamos el alma del personaje, llegamos a conocerla perfectamente, se transforman en seres omnipresentes. Lo mismo ocurre con Conan. En ocasiones, el personaje de Conan ha sido menospreciado. Un matón de tres al cuarto, ladrón, mercenario, guerrero, un borrachuzo que mata, fornica, come, disfruta, y que lo único que le diferencia con la ralea es una mayor inteligencia y cultura, y un raro sentido del honor que le lleva a cumplir lo que promete. Sin embargo, la historia de Conan nos dice que llega a convertirse en rey. ¿Cómo? Esto se muestra muy bien en la película, donde debido a los primeros planos Conan se nos muestra como un ser especial, dotado de un carisma apabullante, su mera presencia, su aspecto físico, atrayente, es suficiente para que tanto las mujeres como los hombres no tarden en rendirle pleitesía.

Otro aspecto que remarca su función de dioses es que tanto los personajes de Sergio Leone como los de John Milius no son personajes que hablen mucho, que se enzarzen en largos discursos, que se hagan preguntas fundamentales sobre la existencia, que divaguen sobre sus sentimientos. Son más bien lacónicos, se limitan a vivir, a seguir adelante, y las únicas frases que pronuncian son frases cortas, llenas de significado, que marcan claramente y sin dudas el carácter del personaje. Como el “Mientras se dispara no se habla” de “El feo”, o la famosa respuesta de Conan a “¿Qué es lo mejor de la vida?” Esto es, no son seres confusos, más bien claramente delimitados, con los cuales el espectador se reconoce rápidamente.

Por último, la mayor bondad de Conan versión de 1982, por la cual por fin se diferencia de su predecesora “El bueno, el feo y el malo”, es que, aparte de una película de aventuras, se trata de una portentosa radiografía de una época, de un mundo, de un universo. Puede que la última versión de Conan, dirigida por Marcus Nispel y protagonizada por Jason Momoa, sea más fiel al personaje de las novelas y de los cómics, que tenga mayor presupuesto, que los efectos especiales sean mejores por haber sido hechos por ordenador, pero su argumento peca de pobre. Conan, para Marcus Nispel, es un ser que mata, mata, mata, folla, mata, bebe, se emborracha, mata, folla, mata, etc., etc., y la película es poco más. Sin embargo, para John Milius y Oliver Stone, Conan es un ser que se desenvuelve en un mundo donde él no es ni la única persona que existe, ni la más importante. Hay dioses a los que se reza y a menudo no escuchan, hay ciudades enteras con mercados, templos y oscuros contrabandistas, hay reyes con hijas descarriadas, hay movimientos religiosos que se retiran a orar en el desierto, campesinos que recorren las praderas, magos ermitaños junto al mar, gente que piensa por sí misma, que actúa por su cuenta, y que no parece que tenga que llegar Conan para comenzar a existir. Y, sobre todo, hay tumbas. El Conan de John Milius es un personaje que sabe, que se percata perfectamente que antes de él hubo reyes legendarios, seres gloriosos que sin embargo acabaron muriendo. El Conan de John Milius tiene que en cuenta que igualmente él un día morirá, y que otros le precederán. El Conan de 1982, su mayor bondad, su mayor logro, es crear un personaje que tiene en cuenta perfectamente que por muy alto, por muy épico, que su destino le lleve, acabará en el olvido, pero sin embargo no se rinde por ello, vive, no descansa, continua, no se para a meditar, no se para a reflexionar, sencillamente actúa. El “Conan el bárbaro” de 1982 es un monumento al Carpe Diem, el Conan el Bárbaro de John Milius y Oliver Stone es un grito al esplendor de Occidente, lo importante no es, como indica la filosofía oriental, doblegarse al curso de las mutaciones, sino precisamente estallar, rebelarse, ser como la estrella que vive deprisa, porque su brillo es más intenso, o como la ola que golpea la roca y que se desvanece en la nada, porque mañana volverá a hacerlo.

Nobleza otorga

Septiembre de 1230

Llevaban ya meses enteros de camino con los bueyes y el carromato a cuestas, meses de incomodidad y de penalidades, durmiendo apiñados en la parte trasera del carro, y parándose a buscar trabajo en cada localidad que se encontraban con el fin de procurarse alimento. Mas si la recompensa era como aguardaban, todo habría valido la pena.

Habían partido de Digne, en el sur de Francia, en la primavera. Hacía ya casi dos décadas que en la ciudad se venían escuchando los ecos de una descomunal victoria de la cristiandad sobre los musulmanes en España. Y ahora los reyes de aquellos horizontes se hartaban de reconquistar tierras a los moros, y eran tantas y tan magras que apenas daban abasto con su súbditos para repoblarlas. Los llamamientos a colonos era constantes. Prometían parcelas, prometían animales de granja, y semillas con las que comenzar una nueva vida.

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