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La vida en el Pólipo

Novela de ciencia-ficción. El Pólipo, un hiperrascacielos de dos kilómetros de altura, construido con materiales ligeros, tan alto que en las alturas por acción del viento incluso se mueve, baila, como un pólipo de coral mecido por la corriente.

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El Oeste

El argumento de esta novela se puede resumir en la siguiente frase: Las andanzas de la tripulación del Hathórica, el primer buque fenicio que navegó hasta las costas de la Península Ibérica, durante su periplo, y de lo que les acaeció tras su descubrimiento”.

Lo sencillo de esta novela termina aquí. La trama, acto seguido, se despliega. 66 tripulantes, sin capítulos, más de doscientas páginas de extensión y, desde luego, sin lugar para la repetición o la rutina.

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El Oeste

El argumento de “El Oeste” se resume en la siguiente frase: “El relato de las peripecias de la tripulación del Hathórica, el primer barco fenicio que viajó a través del Mediterráneo hasta las costas de la Península Ibérica, y de lo que les aconteció allí”.

Se ha intentado que los topónimos se correspondan a los términos que se empleaban en la época. Así Gubla es la ciudad fenicia de Byblos; Kemet es Egipto y los Kemettuay los egipcios; Ilión, o Ilios, es Troya; Caftor, Kitim, Tanaya, el Iteru, Sardinia, Shikala, la isla Corcávina, los montes Haemus, o la isla de Ostra son, respectivamente, Creta, Chipre, la Grecia continental, el río Nilo, Cerdeña, Sicilia, Gran Bretaña, los Balcánes y Lampedusa. Aparte, el Promontorio Sacro es el Cabo de San Vicente, las Columnas del Océano el estrecho de Gibraltar, La punta de Sur se reconoce como Tarifa, Antigua es Antequera, el río Patos el Guadiana, el Baites el Guadalquivir, el Iberus el río Tinto y el Gran Promontorio el Cabo de Roca. El resto de nombres pienso que son fáciles de adivinar por el contexto.

Al final del libro se recogen dos apéndices. El primero referido a los tripulantes del Hathórica. El segundo respecto a las personas que se encontraron en su destino, especialmente mujeres.

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Siegfried. Alex Alice

La mitología adquiere cuerpo. Te engancha, te envuelve, te hace partícipe de un mundo del que no te quieres apartar. Siegfried es un cómic del autor francés Alex Alice, libremente inspirado en el cantar de los Nibelungos, que desarrolla el mito de Sigfrido y el dragón. Hacía años que no disfrutaba tanto de un cómic, tanto desde el aspecto estético como argumental.

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El gigante enterrado. Kazuo Ishiguro

Novela del reciente premio Nobel de literatura 2017. Casualmente me la estaba planteando leer cuando se lo han concedido. Ambientada en la Edad Media temprana, en la época inmediantamente post-Artúrica, donde todavía colean los hechos de este magnánimo rey con sus luces y sus sombras, y la oposición entre los britanos, la población originaria de Gran Bretaña, y los invasores sajones que desde el continente llegan con sus ansias de hallar un mundo mejor y un hogar para sus hijos.

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Exhaustivo

Me pregunto si algún pueblo antiguo ideó un dios de las cuentas, de los datos pormenorizados y fehacientes, una deidad que vigilara la labor de escribas en la antigua Mesopotamia y Egipto cuando se encargaban de registrar las cantidades, como el grano en los silos, las ánforas de aceite en los almacenes,  las mercancías que parten y llegan con las caravanas. Esta deidad posee una libreta, y en dicha libreta sabe y apunta sin género de duda los resultados de todas las operaciones, los números tal como deben salir al final del cómputo; una divinidad de las cantidades correctas. De este modo, contabiliza hasta el último grano de trigo, hasta la última res del establo, y si acaso se encontrara con un oficial vago o corrupto que redactara datos falsos que no se correspondieran con lo que tiene apuntado, que se quedara con parte del tesoro, o simplemente por despite incluye errores fatales en los registros, se encarga de castigarlo. Al infierno irás por no acometer tu trabajo de manera exhaustiva, veraz y precisa. El dios de las cuentas que en su versión moderna serviría de acicate a los profesores para realizar bien su trabajo. Como en esas ocasiones en las que no se tienen ganas de corregir incontables exámenes, y se acometen errores de bulto como puntuar por el aspecto, por la presentación, por la caligrafía, o por lo bien que a uno le caiga tal niño o niña. Sin embargo, ahí está el dios de la cuentas, que sabe de manera precisa la calificación que se merece cada alumno o alumna. Ten cuidado si te desvías de su criterio, si se te va la mano con el bolígrafo rojo. El dios de las cuentas te vigila, desde el altar en la sala de profesores. Es él quien insufla en las mentes de los padres la necesidad de ir a protestar, es él quien abre la caja de Pandora de las quejas y reclamaciones. Dedícale una vara de sándalo, enciéndele dos cirios blancos en su templo, y repasa una, dos, y cinco veces las notas de los exámenes. Porque, ya sabes, pobre mortal que te desvías de la norma, el dios de las cuentas es concienzudo, exhaustivo, y en los remordimientos te perseguirá.

La canción de Cazarrabo. Tad Williams

Con el calor mi gata acoge posiciones inverosímiles buscando el fresco. La miro, y aunque “La canción de Cazarrabo” va sobre felinos difícilmente la contemplo como uno de los personajes de esta novela de 1985. Que yo sepa nunca ha estado en una pradera, nunca ha recorrido la espesura de un bosque, o cruzado un río tempestuoso, ni ha necesitado cazar pájaros, topillos o ardillas. Mi gata, a tenor de esta obra, ha dejado de ser salvaje. Pertenece a ese rango de la raza felina domesticado por Ma’an, ha dejado de ser una cazadora, una guerrera.

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