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El último día

Después de mucho tiempo, vuelvo a sonreír. Adiós tensiones, adiós a tener que disimular, por el qué dirán, mi último día en el instituto. Adiós a las preguntas a destiempo, a las críticas a la cara o, peor que estas, a aquellas que no se expresan, aquellas veladas, las conformadas por mi inconformismo, por mi perfeccionismo, la carga que yo mismo me echo a mis espaldas, los malos resultados con los estudiantes, la gente que me mira como si me conociera, aquellos que no se atreven a mirarme a los ojos, lo que no he conseguido, lo que he hecho o he dejado de hacer. No, hoy es el último día, borrón y cuenta nueva. Nadie me conocerá a dónde vaya, nadie sabrá de mi pasado, nadie me comprenderá, pero espero encontrarme con gente más tolerante. El año pasado tenía una sensación agridulce al irme. Este año sonrío. Un día como este me informa, me da a entender, que el día más feliz de mi vida quizás el de mi muerte, porque habiéndolo dejado todo atrás, todos los sufrimientos, todas mis penas, los remordimientos, las cosas por hacer, no me importará irme a dormir y no volver a despertar.

Piloto de guerra. Antoine de Saint Exupery

Novela narrada en primera persona, dos años antes del fallecimiento del autor durante una misión aérea, a un año de la publicación de su gran obra y por la que será recordado por los tiempos venideros, “El principito”. Mil novecientos cuarenta, el ejército francés es derrotado y embolsado en Dunquerque, las tropas alemanas avanzan hacia París, y los habitates de las localidades de la frontera belga abandonan sus casas y marchan en desbandada al sur. El ejército francés ha sido derrotado, del Estado Mayor prácticamente quedan los restos, pero los pilotos de la brigada de reconocimiento siguen volando y planeando sobre las zonas en conflicto para tomar fotografías y generar informes. ¿Para quién?, esa es la gran pregunta. A la velocidad con la que avanzan los alemanes, cuando las fotos lleguen a dónde tienen que llegar, o no habrá nadie para examinarlas o ya será demasiado tarde. Dos de cada tres misiones no regresan. El esfuerzo asemeja inútil. Pero aún así los aparatos despegan. De la novela cabe distinguir dos partes, separadas en algunos puntos y entrelazadas en otros. Una primera que relata los hechos, la misión, y una segunda que expone los argumentos por los cuales Antoine de Saint Exupery se debate: “Parece absurdo volar y exponerse a una muerte casi segura en estas condiciones, pero no lo es”. Esto es, una exposición de los ideales del autor, una elucubración sobre por qué, a pesar de los obstáculos, del contexto, de la futilidad, él saldrá una y otra vez al aire. La defensa del honor, de la honradez, de sus principios, de su preocupación por el ser humano, con una frase por la cual la libertad en una sociedad se vislumbra cuando la masa no prepondera ni aplasta al individuo.

Premoniciones/Intuiciones

– Vas demasiado aprisa- se queja la mujer en el asiento del copiloto.

– Perdona, no me he dado cuenta.

– Heriberto, ¿has bebido? Te noto más precipitado al volante.

– No, no he tomado gota. Solo que… supongo que estoy un poco nervioso.

La mujer sonríe y le acaricia suavemente la rodilla. Es atractiva, en mitad de la treintena, delgada, los pechos como el trasero pequeños y redondos, el pelo liso, teñido de castaño cobrizo, cortado sobre los hombros, el rostro ovalado y los ojos almendrados. En esos momentos se dispone ataviada con vaqueros, zapatos negros con tacón ancho y una blusa gris oscuro.

– Yo también lo estoy. No te vayas a creer que hago esto todos los días.

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Cualquier otra cosa

Me preguntó una alumna el viernes si le recomendaba estudiar arquitectura. Lo hizo justo en la hora después que un compañero me comentara el rumor de que la Junta de Andalucía está planteando la posibilidad de cambiar el sistema de oposición de tal manera que solo aquel que ha estudiado historia pueda enseñar historia. Es decir, que yo como arquitecto, a pesar de que llevo más de un año enseñando la asignatura, no podría presentarme el año que viene. A pesar de que es tan solo un rumor el cuerpo se me puso a temblar, tanto que estuve a punto de decirle a la niña en cuestión: “Estudia cualquier otra cosa”. Porque desde luego los arquitectos ya no pintamos nada. Resulta que está en proyecto una ley que permitiría a los ingenieros firmar edificios, de tal modo que los arquitectos quedaríamos como una especie de diseñadores caros. Por otro lado, si nos metemos en el campo de la docencia la consideración social es que solo podemos impartir matemáticas y dibujo, a pesar de toda la historia del arte que damos, y del urbanismo que es la base de la geografía urbana. O que personalmente me he especializado en esos campos precisamente, con una tesis doctoral a mis espaldas. Pero no, un arquitecto solo puede diseñar edificios. Y si no lo hace, ¿qué le queda? Meterse a político o terrorista. Seguro que le tienen en mayor estima.

Las tinieblas. Leonid Andréiev

“Las tinieblas” es una novela corta de Leónidas Andréiev, unos de los escritores más prolíficos de los inicios del siglo XX ruso. Dos desconocidos se encuentran en una habitación. Él, Alexéi, es un terrorista anarquista, de carácter idealista, coherente, absolutamente convencido de que actúa de manera correcta, tanto que se considera a sí mismo, a pesar de su acciones terroristas, como una persona buena, cumplidora, intachable.  Ella, Liuba, es una prostituta que el hombre contrata no por vicio, puesto que jamás ha tocado a una mujer porque piensa que le apartará del camino recto, sino como estratagema para escapar de la persecución de la policía. La elige a ella entre la variedad de la casa de lenocinio porque interpreta, por su indumentaria, que es la más pura. Pero todo lo contrario. Es zafia, pícara, engañosa, malvada, caprichosa. Las personalidades contrapuestas pronto chocan. Sin embargo, en un alarde de atracción de polos opuestos, a lo largo del desarrollo de la corta escenificación resulta que ella termina siendo atraída por el idealismo del joven, y el hombre a su vez reduce a su altivez y se sumerge en la mundanidad de la que rebosa el mundo de ella.

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