Archivo de la etiqueta: Galáctica

La guerra interminable. Joe Haldeman

la-guerra-interminable-joe-haldeman

Novela de ciencia ficción sobre una guerra intergaláctica salpicada de muchos trasfondos de por medio. Por ejemplo, el problema de la superpoblación, la homosexualidad, la posibilidad de verse sometido al yugo de una dictadura. También el amor que atraviesa todas las barreras. Pero principalmente la desconexión. Nadie puede alcanzar al protagonista. Se traslada de campo de batalla en campo de batalla a la velocidad de la luz, por ello que, debido a la relatividad, con cada salto su cuerpo se mantiene joven, apenas han transcurrido unos meses para él, pero cada vez que regresa a la Tierra, o a lo que queda de ella transformada por las sucesión de hechos, han transcurrido décadas y siglos. Nadie puede alcanzarle, sus seres queridos fallecen a sus espaldas, el mundo tal como lo dejó atrás ya no es el que era, su deseo es salir del ejército, escapar de esa estúpida guerra, pero cómo hacerlo si no cuenta ya con nada a lo que agarrarse. En resumen, una novela muy inteligente, adictiva, que se lee fácil a pesar de los detalles técnicos farragosos a ratos, que solo peca de una cosa: de la cobardía del autor a dejar de terminar su obra con algo que no sea el happy end. Como ocurrió con “La naranja mecánica” en el último capítulo. Como diciendo: “en el fondo en el universo queda lugar para la esperanza”.

Anuncios

Star Wars para Dummies

694px-Star_Wars_Logo.svg

Para todos aquellos que dicen que no son de Star Wars, o los que critican la mitomanía que se ha generado en torno al fenómeno.

Los ochenta son los ochenta gracias a Star Wars. 1977, en el mundo todavía coleaban los efectos de la crisis energética, encarecimiento del petróleo, cierre de industrias, paro generalizado, la guerra fría que se recrudece con la política de Brezhnev. La economía occidental que todavía no sabe para donde tirar. En este contexto la narrativa es poco dada a fantasías. James Bond, Barry Lindon,… Predomina el realismo en un mundo en el que la gente parece querer tener los pies en la tierra.

Sigue leyendo

La inesperada humanidad de “Señales”

De pequeño soñé con algo similar. Tendría unos seis o siete años, y fascinado por los monstruos del cine y de la televisión, que ayudaban a conformar mi catálogo de experiencias vitales del mismo modo que las que mismamente me acompañaban en el mundo real, por la noche cuando cerraba los ojos, perfectamente era viable que soñara con una habitación en la que permanecíamos encerrados yo y toda mi familia, protegiéndonos del ser horripilante que aguardaba afuera, sin atrevernos a salir hasta que no se apagara la luz roja. Esa pesadilla infantil se volvió realidad con “Señales”. Ni gobiernos, ni científicos, ni grandes héroes, ni la sociedad en conjunto. Somos seres sociales, pero colectivos hasta cierto punto. Las historias que merecen ser recordadas se construyen desde el corazón de cada hogar de manera independiente. Con esto no me refiero al sentimentalismo barato yanqui como a la sugerencia de un hecho, el que todos los seres humanos llevamos inscrito dentro la noción de que ante una crisis debemos alejarnos de la muchedumbre para buscar cobijo en nuestro entorno de relaciones inmediato. Como los protagonistas. No se van al lago, no se quedan en el pueblo con el resto. Eligen quedarse en el lugar donde han crecido y vivido. Algo similar parece ocurrir en “The Road” o “La guerra de los mundos” de Spielberg. Mejor alejarse de la muchedumbre porque en ella los seres humanos se vuelven idiotas. Cada hombre y mujer, niño y niña, contiene en sí mismo la tensión individuo-pueblo, la consideración de la sociedad como amiga y como enemiga, de tal manera que cuando los extraterrestres aparecen, en lugar de acudir al salón comunal, a la explanada donde todos se hacinan, preferimos permanecer en nuestra tierra, en nuestro hogar, en nuestra casa, encerrados en el sótano, con los nuestros. Casi como un sueño. En el subterráneo encerrados se encuentran nuestros familiares y unos pocos desconocidos que enseguida pasan a ser de nuestra confianza. Pero no la multitud, no la muchedumbre. Esta que se quede afuera. Lo cual parece ser el mensaje de “Señales” y de otras muchas películas de catástrofes: la muchedumbre no es humana, el grupo pequeño, asequible y abarcable, sí.

Jupiter Ascending

Jupiter_Ascending_00cLos Wachowski han creado su propio universo galáctico como una mezcla de John Carter of Mars, Flash Gordon y Dune. Es difícil no caer en estas referencias vintage cuando se contempla esa fantasmagoria de diseño ecléctico casi decimonónico de los años cuarenta y cincuenta inspirada en Edgar Rice Burroughs, con naves espaciales que parecen egipcias, con criaturas resueltamente antropomorfas inspiradas en animales terrestres, o a Flash Gordon teniendo en cuenta que hasta hay hombres alados. La parte más interesante es quizás la rememoranza a Dune con esas luchas entre grandes casas, con esos planes que incumben a miles de millones de seres observados como si fueran hormigas.

Aunque por supuesto Dune no es políticamente correcto. Los Wachowski se han vuelto demasiado políticamente correctos, parecen no tener una opinión propia, sino repetir lo que es popular entre el público, prácticamente como ciertos partidos políticos. Y el resultado es una filosofía de fondo vacía que no se sustenta. Por ejemplo, no quiero adelantar detalles de la cinta. Cuando la vean comprenderán lo que digo, sobre todo porque la pregunta que toca hacerse es: ¿qué sucederá cuando la protagonista envejezca? ¿Seguirá igual de idealista?

A su favor que las imágenes de acción son espectaculares, como cabe esperar de una cinta de los Wachowski. No obstante, ni aún así se puede esperar que se convierta en una saga de culto como Matrix.

El juego de Ender

“El juego de Ender” en su momento no fue una novela para niños, aunque versara sobre la existencia de un niño y sus compañeros como protagonistas. No obstante, al parecer hay poca gente que comprenda que una novela sobre niños no sea necesariamente para niños. De ahí que ahora su películatenga problemas de identidad en cuanto a la edad de su público objetivo. Basada en el libro de Orson Scott Card, una película sobre “El juego de Ender” no puede ser una película sobre niños. Y aún así, puesto que el protagonista es un niño, uno se sorprende en comprobar como el setenta por ciento de los asistentes a la sala eran padres y madres con sus hijos pequeños. Y sin embargo, ningún adolescente.

En su momento “El juego de Ender” no fue una novela para adolescentes, pero visto como ha evolucionado la literatura para este espectro de edad (Los juegos del hambre, Harry Potter,…), “El juego de Ender” fue pionera en un género de novelas ambientada en las relaciones entre un grupo de adolescentes enfrentados a un mundo violento, competitivo y despiadado. No es que la película no sea apta para adultos. Al contrario, los seguidores de la novela de Scott Card disfrutarán de una versión más o menos fiel, por supuesto con los típicos cambios debido a que hay que adaptar la novela a un metraje limitado. Sin embargo, tal como ha evolucionado la cultura, “El juego de Ender” es ante todo una película para adolescentes. Pero repito, ningún exponente de esta edad en la sala.

Finalmente, concluyo: “El juego de Ender” es una película que no se ha sabido vender convenientemente.

Mil años

Con la condición de impermeable Ulises podría haber permanecido toda su vida en el ghetto, como sus antepasados desde hacía mil años. ¿Qué fue lo que le impulsó a salir? Cuando le encontré y uní mis pasos a él no me lo contó de inmediato, le costaba confiar en mí. Tuve que ir sonsacándole a base de conversaciones a medias, de intentos disimulados.

Sigue leyendo