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El Oeste

El argumento de “El Oeste” se resume en la siguiente frase: “El relato de las peripecias de la tripulación del Hathórica, el primer barco fenicio que viajó a través del Mediterráneo hasta las costas de la Península Ibérica, y de lo que les aconteció allí”.

Se ha intentado que los topónimos se correspondan a los términos que se empleaban en la época. Así Gubla es la ciudad fenicia de Byblos; Kemet es Egipto y los Kemettuay los egipcios; Ilión, o Ilios, es Troya; Caftor, Kitim, Tanaya, el Iteru, Sardinia, Shikala, la isla Corcávina, los montes Haemus, o la isla de Ostra son, respectivamente, Creta, Chipre, la Grecia continental, el río Nilo, Cerdeña, Sicilia, Gran Bretaña, los Balcánes y Lampedusa. Aparte, el Promontorio Sacro es el Cabo de San Vicente, las Columnas del Océano el estrecho de Gibraltar, La punta de Sur se reconoce como Tarifa, Antigua es Antequera, el río Patos el Guadiana, el Baites el Guadalquivir, el Iberus el río Tinto y el Gran Promontorio el Cabo de Roca. El resto de nombres pienso que son fáciles de adivinar por el contexto.

Al final del libro se recogen dos apéndices. El primero referido a los tripulantes del Hathórica. El segundo respecto a las personas que se encontraron en su destino, especialmente mujeres.

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Siegfried. Alex Alice

La mitología adquiere cuerpo. Te engancha, te envuelve, te hace partícipe de un mundo del que no te quieres apartar. Siegfried es un cómic del autor francés Alex Alice, libremente inspirado en el cantar de los Nibelungos, que desarrolla el mito de Sigfrido y el dragón. Hacía años que no disfrutaba tanto de un cómic, tanto desde el aspecto estético como argumental.

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Sumisión. Michel Houellebecq

Echo de menos al Houellebecq de las primeras novelas, de “Las partículas elementales”. Sumisión es el primer libro de este autor que leo completo desde hace mucho tiempo. Si se revisan las sinopsis por Internet y los artículos publicados al respecto, suele plantearse esta obra como una crítica hacia el Islam. Mas la estrategia es sumamente inteligente. En ningún momento de su extensión se hace una sola referencia en contra de la doctrina islámica. Al contrario. Todo está a favor de la imposición del Islam, de la conversión de Europa del catolicismo a la religión musulmana. Incluso es conveniente.

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El gigante enterrado. Kazuo Ishiguro

Novela del reciente premio Nobel de literatura 2017. Casualmente me la estaba planteando leer cuando se lo han concedido. Ambientada en la Edad Media temprana, en la época inmediantamente post-Artúrica, donde todavía colean los hechos de este magnánimo rey con sus luces y sus sombras, y la oposición entre los britanos, la población originaria de Gran Bretaña, y los invasores sajones que desde el continente llegan con sus ansias de hallar un mundo mejor y un hogar para sus hijos.

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Exhaustivo

Me pregunto si algún pueblo antiguo ideó un dios de las cuentas, de los datos pormenorizados y fehacientes, una deidad que vigilara la labor de escribas en la antigua Mesopotamia y Egipto cuando se encargaban de registrar las cantidades, como el grano en los silos, las ánforas de aceite en los almacenes,  las mercancías que parten y llegan con las caravanas. Esta deidad posee una libreta, y en dicha libreta sabe y apunta sin género de duda los resultados de todas las operaciones, los números tal como deben salir al final del cómputo; una divinidad de las cantidades correctas. De este modo, contabiliza hasta el último grano de trigo, hasta la última res del establo, y si acaso se encontrara con un oficial vago o corrupto que redactara datos falsos que no se correspondieran con lo que tiene apuntado, que se quedara con parte del tesoro, o simplemente por despite incluye errores fatales en los registros, se encarga de castigarlo. Al infierno irás por no acometer tu trabajo de manera exhaustiva, veraz y precisa. El dios de las cuentas que en su versión moderna serviría de acicate a los profesores para realizar bien su trabajo. Como en esas ocasiones en las que no se tienen ganas de corregir incontables exámenes, y se acometen errores de bulto como puntuar por el aspecto, por la presentación, por la caligrafía, o por lo bien que a uno le caiga tal niño o niña. Sin embargo, ahí está el dios de la cuentas, que sabe de manera precisa la calificación que se merece cada alumno o alumna. Ten cuidado si te desvías de su criterio, si se te va la mano con el bolígrafo rojo. El dios de las cuentas te vigila, desde el altar en la sala de profesores. Es él quien insufla en las mentes de los padres la necesidad de ir a protestar, es él quien abre la caja de Pandora de las quejas y reclamaciones. Dedícale una vara de sándalo, enciéndele dos cirios blancos en su templo, y repasa una, dos, y cinco veces las notas de los exámenes. Porque, ya sabes, pobre mortal que te desvías de la norma, el dios de las cuentas es concienzudo, exhaustivo, y en los remordimientos te perseguirá.

Cavernas, pirámides, imperios. David Solar

David Solar, autor en Historia 16, y en otros muchos medios, escribe su propio libro de historia de la humanidad, y lo hace de momento circunscribiéndose a la prehistoria y edad antigua, sin introducirse en la edad media. Es decir, al pasado más lejano, aquel donde la arqueología se vuelve cada vez más escasa y somera, y es necesario echar mano de las fuentes escritas, aún cuando son ahistóricas en muchos casos, increíbles, faltas de rigor, y posiblemente redactadas por alguien con una visión sesgada del mundo, influida y deformada por sus propias creencias y por su pertenencia a una civilización en concreto en detrimento de las demás. No obstante, algo de verdad habrán de tener.

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Dunkerque. Christopher Nolan

Tiempo perdido, eso es lo que se puede argumentar de Dunkerque, una pérdida de tiempo.

Christopher Nolan, inventor de mundos, uno de los pocos que ha sido capaz de ofrecer en la última década algo que no esté manido o repetido hasta la saciedad, desarrollador de lenguajes y de mundos inexplorados. Con Origen creó una nueva mitología contemporánea. Con Interstellar, ya, sí, larga y aburrida como ella sola. Pero la exploración espacial realista, los agujeros negros, los colores primarios, los tempanos de hielo, todo. O Memento. O la renovación del cómic de superhéroes que desafortunadamente no ha calado en el resto del universo cinematográfico. Ese Joker a la altura de Frank Miller.

Y de repente a Nolan le da por hacer una película bélica. Lo dicho, dos años perdidos de la vida de un gran creador. Tiempo perdido. La primera vez que vi el trailer de la cinta me eché las manos a la cabeza. No puede ser. Acudo a las salas y me repito e insisto: No puede ser. Esa sensiblería bélica de fondo, esa glorificación de la valentía y de la entrega, justificado porque supuestamente se lucha contra el mal, contra un enemigo que es el demonio mismo. Con “La delgada línea roja” el cine bélico tendría que haberse extinguido. Muy buena fotografía, excelente desarrollo de la trama. Y sin embargo, nada nuevo bajo el sol. La enervante musica de fondo, como el sonido del motor de un submarino. Hora y media en esa tesitura resulta insoportable. O lo predecible de la trama, en los primeros minutos de cada línea argumental ya se adivina de qué manera va a concluir. Así como falta de medios. Esas líneas raquíticas de soldados, ¿dónde se vislumbra ahí los cuatrocientos mil militares embolsados? ¿O las cuarenta mil víctimas de la conflagración? Y, ¿tres aviones spitfire? ¿Una película bélica con solo tres aviones contra todo el potencial nazi? Ves una fotografía real de la batalla, una en blanco y negro, borrosa, con el granulado y el paso del tiempo que se nota, y Dunkirk, de Christopher Nolan, se queda en pañales. Un espectáculo de autor. La prensa la proclama como la gran película de Nolan, se ve que a los críticos no les gusta la ciencia ficción ni los superhéroes, su quehacer sobra de engreimiento y peca de falta de imaginación; porque ese es el punto álgido de este título, la reputación del director, porque por lo demás un espectáculo fallido.