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La vida en el Pólipo

Novela de ciencia-ficción. El Pólipo, un hiperrascacielos de dos kilómetros de altura, construido con materiales ligeros, tan alto que en las alturas por acción del viento incluso se mueve, baila, como un pólipo de coral mecido por la corriente.

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Heredarás el Imperio

Para ti solo deseo que te des cuenta del regalo, del privilegio, de haber tenido una infancia friki. Que crecido entre cómics, pósteres, películas de aventuras, y sueños de un mundo diferente, esplendoroso, oscuro, divergente, espectacular, espeluznante, incoherente mas sugerente, llegues a apreciar el valor de tu herencia, de aquellos que te rodearon,  y te hicieron ver: “No tienes un solo camino, el mapa del multiverso te pertenece”.

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Apócrifos. Karel Capek

Karel Capek, escritor checo fallecido en 1938, uno de los pioneros de la ciencia-ficción y de la novela de anticipación, y quien acuñó la palabra “robot” por primera vez en una de sus obras de teatro.

Apócrifos es un libro que se aleja de estas dos líneas biográficas. No es ciencia-ficción, no se menciona ni una sola vez la palabra robot. Consiste en una serie de escritos cortos, redactados a lo largo de sus últimos años de vida, inspirados en obras magnas de la literatura universal. Referidos a la Biblia, tanto al antiguo como al nuevo testamento. Referidos a clásicos griegos, o a clásicos modernos. Don Juan, Hamlet, Romeo y Julieta… No obstante, eso no resta que su temática sea original en cuanto que suponen una vuelta de tuerca con respecto a los dogmas prefigurados en dichas obras. La historia presenta muchos matices, muchos puntos de vista, no es como nos la cuentan. Igual ocurre con la literatura. Los libros se cuentan y juzgan dependiendo del punto de vista de quien los redacta. Capek tergiversa, reescribe, multiplica los matices, varía los personajes, la perspectiva. Te dice: No hay que quedarse en la superficie, rasca, hasta que sangre, varía, evita estancarse en lo que te dice un autor. Ningún autor es un dios. La mejor manera de sacralizarlos es desacralizarlos. Escribe sobre él, pero a la vez reformula sobre él. Vuélvelo humano, quema los ídolos. Mejor dicho, reinventa los mitos, transfórmalos en reinterpretables.

Sumisión. Michel Houellebecq

Echo de menos al Houellebecq de las primeras novelas, de “Las partículas elementales”. Sumisión es el primer libro de este autor que leo completo desde hace mucho tiempo. Si se revisan las sinopsis por Internet y los artículos publicados al respecto, suele plantearse esta obra como una crítica hacia el Islam. Mas la estrategia es sumamente inteligente. En ningún momento de su extensión se hace una sola referencia en contra de la doctrina islámica. Al contrario. Todo está a favor de la imposición del Islam, de la conversión de Europa del catolicismo a la religión musulmana. Incluso es conveniente.

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El rincón de los monstruos

Esa esquina del dormitorio sin personalidad alguna, en la pared opuesta a la ventana, en el punto más alejado de la entrada. Ese lugar al que solo llegas rodeando la cama, que resulta tan anodino que solo merece colocar allí aquel mueble o complemento que absolutamente carece de importancia. La mesilla de noche gemela a donde situas el despertador que colocas ahí para no descuadrar, el perchero, la lámpara de pie, ese arcón que te han regalado y que no sabes donde poner.

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31 de agosto nocturno

Treinta y uno de agosto de dos mil diecisiete. Jueves. Pero no un jueves cualquiera. La mitad de la población regresa de las vacaciones, y acuden con las costumbres intactas de sus lugares de veraneo. El calor impide dejar las ventanas cerradas, prácticamente todo el verano ha sido así, pero nunca tan urgente como esta madrugada. La adolescente del tercero que conversa por teléfono de una a dos, los vecinos de enfrente con sus luces potentes y la película en alto volumen, las discusiones, los padres con los hijos, los hijos con los padres, ser testigo de las primeras peleas de un par de parejas enamoradas; aparte por alguna razón las alarmas de un sinfín de vehículos que estallan, de manera intermitente, y si fuera poco también la del centro cívico de manera constante hasta las cuatro; y a añadir a la coctelera el ruido de fondo, el de los coches y las motos circulando, que ha doblado su intensidad. La mitad de la población ha regresado y parece que lo ha hecho para darse un garbeo por la ciudad, a pie, en tren, en metro, en vehículo a motor, o en sus propias casas. Se mueven como noctámbulos, coleccionando cucarachas o ratas en la acera, rompiendo el silencio con los tubos de escape de las motocicletas, o cavando zanjas de tanto recorrer el pasillo de sus moradas. La mitad de la población ha vuelto y sufre de insomnio, a fuerza de costumbre de levantarse tarde, y de paso provoca el insomnio en más de uno que no se ha ido. La mitad de la población ha regresado y ojalá que no lo hubiera hecho, que se hubiera quedado en esos lares, donde quiera que estuviera, dispersa, esparcida. Podrían haber fundado una nueva ciudad, o un sinnúmero de pequeñas aldehuelas. En el fondo luchar contra la contaminación acústica es muy sencillo. Basta con cambiar de aires, para siempre, y no regresar. No regreséis, malditos. Cread pueblos en la costa o en la montaña, y dejadnos en paz.

Abracadabra. Pablo Berger

Me hubiera gustado verla con un extranjero al lado, para comprobar su opinión. Porque la impresión que a mí me dio y que permanece una vez sales del cine es de película flojita. Personajes poligoneros, casposos, con una estética hortera a más no poder, y lo que no es poligonero resulta anticuado, pero no anticuado en el sentido de retro, sino vetusto en el contexto de que alguna mano de pintura le falta, salones y dormitorios que son el horror de un decorador, anclados en el tiempo en las memorias del mal gusto aburguesado, castizo y rancio.

No obstante, después recapacitas y dices: Pero cómo señalas que es flojita si Abracadabra es un montón de películas en una, una mezcla de géneros atrevida, arriesgada, original y que no chirría. Si lo tiene todo: drama social, intriga, cine negro, terror, comedia romántica, de malentendidos, fantasía, asesinatos, especulación pseudocientífica, espiritismo paranormal, y la aventura heróica de una mujer que busca su camino en el mundo. ¿Es posible que sean los prejuicios los que me hacen pensar que le falta algo? Ese rechazo al mundo catalogado como choni o cani, que todo resulte tan hortera, tan culturalmente degradado. O la presencia del omnipresente José Mota, que aunque hace un buen papel, el hecho de que estemos tan sobresaturados de su imagen, así como el tipo de humor al que lo tenemos asociado, provoca que la trama quede devaluada. En otras palabras, los prejuicios que mismamente y por otro lado me harían rechazar las proyecciones de “Cine de barrio”.

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