Archivo de la etiqueta: Misterio

Razones

Una carretera de montaña con apenas anchura para dos coches. Tengo que dar la vuelta, no se me ocurre otro sitio donde hacerlo que ese. Provengo de una curva, voy hacia otra a apenas cincuenta metros. A mi espalda un precipicio considerable, tanto que me entra el pánico por el vértigo. Si un vehículo se aproxima por alguno de los lados no tendrá tiempo para parar ni espacio para esquivarme, sobre todo si es uno de esos turistas mentecatos que circulan a noventa en una carretera de cuarenta. La pendiente de la calzada es tal que al retroceder la gravedad tira de mí. Más pánico, el terror me paraliza. Pero acierto a pisar el pedal, ninguno coche viene. Consigo incorporarme, sigo vivo.

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El gigante enterrado. Kazuo Ishiguro

Novela del reciente premio Nobel de literatura 2017. Casualmente me la estaba planteando leer cuando se lo han concedido. Ambientada en la Edad Media temprana, en la época inmediantamente post-Artúrica, donde todavía colean los hechos de este magnánimo rey con sus luces y sus sombras, y la oposición entre los britanos, la población originaria de Gran Bretaña, y los invasores sajones que desde el continente llegan con sus ansias de hallar un mundo mejor y un hogar para sus hijos.

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El faro cósmico. Claudio Yelnick

Novela de ciencia ficción francesa de corta extensión, muy pródiga en ideas, a decir verdad con un trasfondo muy original, que difícilmente he contemplado en otras partes. Solo que quizás al desarrollo le falta hondura humana. Me explico. Más tensión. El misterio y el horror duran demasiado poco. Mejor organización, la tragedia del protagonista se cuenta demasiado tarde, se incluye casi de manera forzada. El debate científico sobre las causas del fenómenos ocupa quizás todo lo que tendría que haberse extendido el autor en las tramas internas de los personajes. Eso la convierte en una novela simple, de segunda categoría.

Sin embargo, recomendable como un título necesario para los amantes de la ciencia-ficción.

Ah, y aviso para navegantes, en el caso de que la edición contenga un prólogo, no lo lean. Chafa el conjunto de la trama.

Blade Runner 2049

Más de dos horas y media de metraje, el desarrollo demasiado lento en algunas escenas, varios giros de guión que no se comprenden. Y sin embargo, te quedas con ganas de más. El culto ha evolucionado, se ha vuelto silencioso y minimalista, deja de ser recargado, deja de basarse en la acumulación de residuos por doquier, el menos es mas, y el resultado es apabullante, sobrecogedor. Perdón por adelantarlo, pero en esta ocasión no hay frase del final, y sin embargo no hace falta frase del final. Las esperanzas que uno tiene, los miedos que a uno le acogotan, se encuentran ahí. Todo lo que sabías se queda en nada, esa es la esencia del ser humano, y la de decidir, y de tomar una decisión difícil y fatal cuando llega el instante. Creo que no me hace falta escribir más.

La ciudad perdida de Z

El cine se ha dejado inspirar por los hechos reales y ha creado mitos de ficción. La pregunta es, ahora que parece que la imaginación se ha agotado, si los personajes reales que inspiraron dichos mitos alcanzarán la misma sonoridad transportados al celuloide. Indiana Jones y Percy Fawcett. El segundo es un personaje histórico. Se enfrentó a la selva, a los mosquitos, a las serpientes, se las vio con tribus indígenas que a menudo recelaban de los recién llegados, tuvo que enfrentarse al hambre, a la enfermedad, a la locura. No obstante, no resulta tan espectacular como Indiana Jones. A fin de cuentas, se trató de un personaje real. Cuando los personajes reales mueren no suenan las campanas celestiales, no acuden los ángeles divinos a acogerlo, su cuerpo se vuelve frío, y punto. Que una serpiente venenosa y letal se te deslice por entre las piernas puede llegar a ser un momento crucial y definitivo en tu existencia; que una tribu de indígenas con sus primitivas costumbres te acoja es un milagro que pocos han vivido. Aún de este modo, no resulta tan impresionante como un hechicero que arranca el corazón a sus víctimas aún vivas con las manos. La falta de ideas de la industria del cine rescata a los personajes legendarios. Pero las leyendas a menudo se forjan no tanto en la realidad como en la imaginación de las gentes, en las narraciones posteriores. “La Ciudad perdida de Z” es una película entretenida, que mantiene el pulso, aunque, hay que avisar, de un ritmo lento como corresponde a una peripecia real, que refleja el hambre, el tedio, el silencio y la desesperación del desierto verde, todo es igual, todo es cansinamente verde y monótono, con unos pocos momentos de brío y acción trepidante, y ninguna víctima de manos del protagonista. No es Indiana Jones, y menos mal que no es Indiana Jones.

Dioses, tumbas y sabios. C W Ceram

El propio autor de este libro indica en la introducción que su propósito fue escribir el equivalente de “Cazadores de microbios”, de Paul de Kruif, en el campo de la arqueología. Esto es, un libro de divulgación sobre los doctos, los sabios, los aventureros, que han permitido el redescubrimiento de las civilizaciones pretéritas, escrito en un lenguaje ameno, que interese y no aburra, que no redunde en largas y farragosas listas de términos, de fechas, sino que haga hincapié en el logro, en el milagro científico, que supuso por ejemplo en su día el desciframiento de los jeroglíficos por Champollion, o el hallazgo de la cámara funeraria casi intacta de Tutankamón. Tras el desenterramiento de la máscara del joven faraón hubo un montón de trabajo, un sinfín de precedentes, el surgimiento de nuevas ideas, de una nueva manera de entender y de respetar el pasado no como cantera, ni de reserva de oro para fundirlo, sino como patrimonio. Este libro se escribio como homenaje a todo ese desarrollo oculto tras la parafernalia de los grandes hallazgos.

El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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