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La mente de continuo

Diez horas seguidos juntos, con la cabeza carburando, el cerebro funcionando, ese sistema complejo mutando de continuo, esas neuronas elucubrando, no confío en alguien que después de diez horas permanezca igual, albergue los mismos pensamientos, ideas y actitud que diez horas antes, no puedo mirar sin sospechar a alguien que sea capaz de sonreír durante diez horas seguidas, hipocresía implicada, falsedad, inciertas intenciones, o simplemente que no hay mente, no hay pensamiento, simplemente máquina, estoy rodeado de robots, soy la única persona normal en la habitación.

Don Quijote en el exilio. Peter Furst

La población del mundo durante la Segunda Guerra Mundial era de 2500 millones de habitantes. Con que solo uno de cada 50.000 perteneciera a un mundo lo suficientemente civilizado y acomodado como para saber leer y escribir, hubiese sido lo suficientemente afortunado para sobrevivir (condición en ocasiones no indispensable), así como poseyese ese resquemor interno que insufla deseos de narrar lo que aconteció, tenemos cincuenta mil relatos distintos y variopintos sobre la II Guerra Mundial, los suficientes como para llenar los días de una vida. Los hay de todo tipo. De los soldados de cualquier frente, de los civiles que sufrieron penurias, de las minorías que padecieron persecuciones y exterminio. “Don Quijote en el exilio” es la autobiografía de un alemán descendiente de judíos que tuvo la cautela, o las amistades pertinentes, que le permitieron huir de Alemania antes de que todo comenzara. Recaló en España, fue testigo del estallido de la Guerra Civil, se marchó del país, fue corresponsal de guerra desde la comodidad de un café vienés… La historia de “don Pedro” es, dentro de las cincuenta mil líneas narrativas que conforman el universo autodocumentado del mayor conflicto hasta el momento, una narración de la retaguardia, configurado por alguien cuyo origen e identidad suponía un peligro, pero que contó con los apoyos necesarios para que ese riesgo no fuera tan elevado como el de un soldado en la trinchera o el de un marcado en el ghetto. Don Pedro recorre los trenes de toda Europa: España, Viena, Yugoslavia, París… Termina marchando a la República Dominicana. Su historia es la de un superviviente, no la de un luchador; describe, rara vez denuncia. Los personajes variopintos se van sucediendo. El mundo se tiñe de oscuro, se entenebrece, se vuelve gris, pero nunca negro. Su transcurso rodea las zonas de combate, no las atraviesa. Europa arde, pero no se desmorona del todo. Entre las ruinas se debate don Pedro. Y donde quiera que va encuentra a aquellos que reconstruirán el mundo tras la debacle. Un libro no tanto dedicado a las víctimas como a los supervivientes. Una lectura paralela a los hechos bélicos. La II Guerra Mundial no solo fueron batallas o campos de concentración, también soñadores exiliados que rodearon su país sin jamás volver a pisarlo.

Gottland. Mariusz Szczygiel

Novela de no ficción, el género sin duda que ha estallado y que ante todo ha despuntado en el siglo XXI. Difícilmente recuerdo novelas de no ficción anteriores al 2000, o al menos a los noventa. Las hubo. Ahí estaban Bukowski o Miller. Sin embargo, no con la crudeza de estas últimas sagas, no necesariamente autobiográficas, o donde la autobiografía no fuera el hilo conductor. Gottland es la obra de un escritor polaco de nombre impronunciable y que incluso cuesta deletrear y redactar, sobre un país que no es el suyo, la República Checa, pero que podría ser el suyo. Podría ser el de todos. Gottland es la novela de no ficción, un relato de historia narrativa, sobre un conjunto de personajes como representantes de un país durante el siglo XX. Gottland nace con el capitalismo de una fábrica de zapatos, se codea con el nazismo hitleriano de la 2º Guerra Mundial, y adquiere su madurez y trasfondo principal en la fase comunista. Gottland no es un libro de historia, sino de bocetos biográficos. El resto, los huecos entre vivencia y vivencia, hay que irlos rellenando. Con imaginación. ¿Qué consejo ofrecer sobre esto? ¿Cómo lucubrar lo que ocurrió entre personaje y personaje? ¿De qué manera enlazar la bitácora del zapatero Bata con quien construyó el monumento a Stalin más grande del mundo en Praga? Es fácil, no confíes en la humanidad como un lugar donde alguien pueda ser feliz, no vayas con esperanza y buenas intenciones, sino con ánimo rebelde y contestatario. Piensa mal, en las millones de maneras como un ser humano puede convertir a otro en esclavo, y acertarás.