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Razones

Una carretera de montaña con apenas anchura para dos coches. Tengo que dar la vuelta, no se me ocurre otro sitio donde hacerlo que ese. Provengo de una curva, voy hacia otra a apenas cincuenta metros. A mi espalda un precipicio considerable, tanto que me entra el pánico por el vértigo. Si un vehículo se aproxima por alguno de los lados no tendrá tiempo para parar ni espacio para esquivarme, sobre todo si es uno de esos turistas mentecatos que circulan a noventa en una carretera de cuarenta. La pendiente de la calzada es tal que al retroceder la gravedad tira de mí. Más pánico, el terror me paraliza. Pero acierto a pisar el pedal, ninguno coche viene. Consigo incorporarme, sigo vivo.

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Blade Runner 2049

Más de dos horas y media de metraje, el desarrollo demasiado lento en algunas escenas, varios giros de guión que no se comprenden. Y sin embargo, te quedas con ganas de más. El culto ha evolucionado, se ha vuelto silencioso y minimalista, deja de ser recargado, deja de basarse en la acumulación de residuos por doquier, el menos es mas, y el resultado es apabullante, sobrecogedor. Perdón por adelantarlo, pero en esta ocasión no hay frase del final, y sin embargo no hace falta frase del final. Las esperanzas que uno tiene, los miedos que a uno le acogotan, se encuentran ahí. Todo lo que sabías se queda en nada, esa es la esencia del ser humano, y la de decidir, y de tomar una decisión difícil y fatal cuando llega el instante. Creo que no me hace falta escribir más.

El rincón de los monstruos

Esa esquina del dormitorio sin personalidad alguna, en la pared opuesta a la ventana, en el punto más alejado de la entrada. Ese lugar al que solo llegas rodeando la cama, que resulta tan anodino que solo merece colocar allí aquel mueble o complemento que absolutamente carece de importancia. La mesilla de noche gemela a donde situas el despertador que colocas ahí para no descuadrar, el perchero, la lámpara de pie, ese arcón que te han regalado y que no sabes donde poner.

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El viajante

La película ganadora a los Óscar de este año. Antes de ver la cinta, al revisar la sinopsis, se puede pensar mal por el galardón concedido, porque es políticamente correcto, porque por un lado es una película iraní y a saber si el jurado de la Academia se lo ha otorgado por ir en contra de Donald Trump, y en segundo lugar porque los protagonistas son actores en la representación de “El viajante” de Arthur Miller. Esto es, una obra de teatro norteamericana.

Entonces vas a verla y sí, está bien realizada, Asghar Farhadi mantiene el pulso narrativo, es muy dura, produce extrañeza, un choque cultural, huele a censura porque muchas emociones, muchos actos de consuelo de los que cabría esperar no se realizan, a saber si porque había un puño censor tachando frases y acciones del guión aquí y allá, te conmiseras sobre la situación de la mujer en el mundo islámico (y eso que Irán, aparentemente, es de los países más progresistas), te escandalizas y apenas por la prepotencia de los hombres (aún los más cultos y adelantados). Sin embargo, termina la grabación, sales del cine, y dices: “De acuerdo, pero eso no quita que se haga pesada a ratos y que “Todo sobre mi madre” fuera mejor”. O mismamente este año, la filmación vintage y decimonónica de “Frantz”. Película extranjera, europea, más interesante y removedora que “El viajante”.

San Valennada

Poco importa la ausencia de un San Valentín romántico,

la falta de ocasión de celebrar este día,

sabes que la gente que te es afín es aquella que se halla ocupada o se inventa ocupaciones:

alimentar gatos, escribir libros de filosofía que nadie leerá, tesis doctorales que las amargan, cursos en el extranjero, reuniones de trabajo a deshoras;

solamente dos de cada siete veces San Valentín caerá en fin de semana,

celebremos pues los fines de semana,

aunque no haya fiesta de los enamorados;

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¿Qué te queda?

¿Qué es lo que hace que mantengas fidelidad a esa persona? ¿Qué es lo que provoca que le sigas escribiendo cuando no te contesta, que le sigas hablando si está claro que no te comprende? En serio, ¿cómo se le llama a esa fuerza? ¿Cómo se erradica esa esperanza? La apatía te invade porque aparentemente es siempre lo mismo. Dejas de salir y de quedar con las antiguas amistades para no escuchar los mismos problemas, y las mismas vueltas de tuerca sobre situaciones que conoces de sobra y que parecen no tener solución; ya no frecuentas los mismos lugares como si atrajeran los mismos tipos de conversación de costumbre; los juegos y las actividades que antes te llenaban como que han dejado de guardar sentido. Nada te ilusiona, todo es repetitivo, periódico, reiterativo. No obstante, como última agarradera, la sustancia que le queda al mundo se condensa en ese ser, del cual puedes dudar que sepa, o al menos que conviva diariamente con la certeza de concebir, que existes. ¿Qué pasa si el deseo de estar junto a ella finalmente se desvanece? ¿Qué te queda?