Archivo de la etiqueta: Solidaridad

El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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Don Quijote en el exilio. Peter Furst

La población del mundo durante la Segunda Guerra Mundial era de 2500 millones de habitantes. Con que solo uno de cada 50.000 perteneciera a un mundo lo suficientemente civilizado y acomodado como para saber leer y escribir, hubiese sido lo suficientemente afortunado para sobrevivir (condición en ocasiones no indispensable), así como poseyese ese resquemor interno que insufla deseos de narrar lo que aconteció, tenemos cincuenta mil relatos distintos y variopintos sobre la II Guerra Mundial, los suficientes como para llenar los días de una vida. Los hay de todo tipo. De los soldados de cualquier frente, de los civiles que sufrieron penurias, de las minorías que padecieron persecuciones y exterminio. “Don Quijote en el exilio” es la autobiografía de un alemán descendiente de judíos que tuvo la cautela, o las amistades pertinentes, que le permitieron huir de Alemania antes de que todo comenzara. Recaló en España, fue testigo del estallido de la Guerra Civil, se marchó del país, fue corresponsal de guerra desde la comodidad de un café vienés… La historia de “don Pedro” es, dentro de las cincuenta mil líneas narrativas que conforman el universo autodocumentado del mayor conflicto hasta el momento, una narración de la retaguardia, configurado por alguien cuyo origen e identidad suponía un peligro, pero que contó con los apoyos necesarios para que ese riesgo no fuera tan elevado como el de un soldado en la trinchera o el de un marcado en el ghetto. Don Pedro recorre los trenes de toda Europa: España, Viena, Yugoslavia, París… Termina marchando a la República Dominicana. Su historia es la de un superviviente, no la de un luchador; describe, rara vez denuncia. Los personajes variopintos se van sucediendo. El mundo se tiñe de oscuro, se entenebrece, se vuelve gris, pero nunca negro. Su transcurso rodea las zonas de combate, no las atraviesa. Europa arde, pero no se desmorona del todo. Entre las ruinas se debate don Pedro. Y donde quiera que va encuentra a aquellos que reconstruirán el mundo tras la debacle. Un libro no tanto dedicado a las víctimas como a los supervivientes. Una lectura paralela a los hechos bélicos. La II Guerra Mundial no solo fueron batallas o campos de concentración, también soñadores exiliados que rodearon su país sin jamás volver a pisarlo.

Gottland. Mariusz Szczygiel

Novela de no ficción, el género sin duda que ha estallado y que ante todo ha despuntado en el siglo XXI. Difícilmente recuerdo novelas de no ficción anteriores al 2000, o al menos a los noventa. Las hubo. Ahí estaban Bukowski o Miller. Sin embargo, no con la crudeza de estas últimas sagas, no necesariamente autobiográficas, o donde la autobiografía no fuera el hilo conductor. Gottland es la obra de un escritor polaco de nombre impronunciable y que incluso cuesta deletrear y redactar, sobre un país que no es el suyo, la República Checa, pero que podría ser el suyo. Podría ser el de todos. Gottland es la novela de no ficción, un relato de historia narrativa, sobre un conjunto de personajes como representantes de un país durante el siglo XX. Gottland nace con el capitalismo de una fábrica de zapatos, se codea con el nazismo hitleriano de la 2º Guerra Mundial, y adquiere su madurez y trasfondo principal en la fase comunista. Gottland no es un libro de historia, sino de bocetos biográficos. El resto, los huecos entre vivencia y vivencia, hay que irlos rellenando. Con imaginación. ¿Qué consejo ofrecer sobre esto? ¿Cómo lucubrar lo que ocurrió entre personaje y personaje? ¿De qué manera enlazar la bitácora del zapatero Bata con quien construyó el monumento a Stalin más grande del mundo en Praga? Es fácil, no confíes en la humanidad como un lugar donde alguien pueda ser feliz, no vayas con esperanza y buenas intenciones, sino con ánimo rebelde y contestatario. Piensa mal, en las millones de maneras como un ser humano puede convertir a otro en esclavo, y acertarás.

Intermedias

Conversaba con dos amigos acerca de una tercera amistad en común. Uno de ellos le pedía al otro si podía aconsejar al tercero no presente sobre su reciente amorío con una chica que, francamente, no le convenía. Es posesiva, manipuladora, pertenece a esa nueva hornada de jóvenes tanto ellos como ellas que emplean las nuevas tecnologías para controlarse mutuamente, y que conciben los celos como una manera de demostrar el amor. Él es muy inocente, nunca ha tenido novia, no ha conocido a nadie así, le van a hacer daño. La chica se cabrea a cada momento que no está con ella, a cada instante que desconoce con quién y dónde se encuentra. Para colmo nuestro amigo entra por todas, no le discute, trata de tranquilizarla, como nunca antes ha tenido novia le hace regalos caros, no se da a valer, permite que le pisotee. El otro día estuvo hasta las tres de la mañana tratando de calmar a la otra por un sofoco que le dio por un motivo tonto cuando a la mañana siguiente tenía que levantarse a las seis y media.

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El Reino. Emmanuel Carrere

El propio autor confiesa en una de las páginas de la novela, que el primer título que se le pasó por la cabeza para esta obra fue “La investigación de Lucas”. Nos referimos a Lucas el evangelista. El Reino trata sobre los primeros cristianos, y sobre cómo, en qué contexto y condiciones, algunos de los textos del Nuevo Testamento fueron escritos. En particular los redactados por Lucas, como los Hechos de los Apóstoles, prueba fehaciente de que se relacionó con San Pablo, así como mantuvo contactos con la primera iglesia de Jerusalén.

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Uno de los otros

Llevaba tiempo haciéndome esta pregunta, aunque el catalizador ha sido la película “Hair” de 1979 basada en el músical homónimo de 1968, un petardazo de película, pero resultón donde tiene que ser, al principio y, sobre todo, en los seis minutos finales con una conclusión que quita el hipo y destroza conciencias.

En cualquier caso. No soy rico, no vivo en la abundancia, la mayoría de mis amistades votan a este tipo de partidos, hablo con ellos a menudo de política, comparto algunos de sus puntos de vista, jamás me he codeado con los ricos, no quisiera hacerlo, consumo cultura, digiero y produzco cultura, parte de mi familia es de ese lado, algunos incluso participan activamente. Entonces, ¿por qué no soy uno de ellos, uno de los otros? ¿Porque no proclamo la revolución, trato de asaltar los cielos, destrozar el sistema y la reconstitución en otro (supuestamente) más justo? ¿Qué es lo que me falta para pasarme al extremo del brazo más cercano a mi corazón en el pecho?

¿Tan duro me resulta que parezca que piensen lo mismo, que a pesar de vestir diferente todos ellos asemejen ser calcos ideológicos? ¿Tan difícil es admitir que aparenten no ser capaces de razonar, que les justifiques porque están equivocados en tal o en cual aspecto y prosiguen erre con erre? ¿Tan inadmisible es que el soporte de sus ideas se base en hechos o en trifulcas del pasado que no tienen sentido en el presente, una llamada constante al resentimiento de lo que pudo ocurrir y no lo hizo, que parece más un culto a la muerte que la constitución de un nuevo tipo de tradición? ¿Tan contrario a tus ideas consiste que en ocasiones asemeje que el motu que los mueve es el odio ancestral y no el vive y deja vivir? ¿Tan disparatado es dejar de observar constantemente esa hipocresía, ese analizar la paja en el ojo ajeno sin observar la viga en el propio?

Aún así, a pesar de todos estos aspectos. ¿Qué es lo que me impide abrir el corazón? He nacido en el sistema, pero me ha consumido y regurgitado. En estas condiciones, ¿por qué no soy uno de los otros?

Kant y la complejidad

La moral de Kant es uno de los grandes hitos de la historia de la filosofía en cuanto a ética se refiere. Uno tiene que hacer lo que debe hacer porque debe hacerlo. Dicho con otras palabras, ante la pregunta cómo habremos de actuar moralmente, Kant responde: Obra tal como debes. No como creas que has de actuar, o dejándote llevar por la piedad y la conmiseración, o cómo te indica la sociedad y el grupo de amigos, parientes, compañeros de trabajo…, sino únicamente como debes. Uno debe actuar siguiendo el criterio: Obra con los demás tal como te gustaría que se comportasen contigo. Esto es, a nadie le gusta que le asesinen, que le roben, que le engañen, que le torturen. Por lo tanto, no mates, no mientas, no sustraigas, no provoques daño de manera intencionada. Por ejemplo, el caso de mentir es el más paradigmático, ante ciertas situaciones como aliviar o amortiguar el sufrimiento de alguien ante una verdad, mentimos. Sin embargo, Kant nos señala: Haz lo que debes, independientemente de las circunstancias. Por lo tanto si tu debe es no mentir, no engañes nunca, aunque creas que lo haces por consideración hacia esa persona.

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