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La mente de continuo

Diez horas seguidos juntos, con la cabeza carburando, el cerebro funcionando, ese sistema complejo mutando de continuo, esas neuronas elucubrando, no confío en alguien que después de diez horas permanezca igual, albergue los mismos pensamientos, ideas y actitud que diez horas antes, no puedo mirar sin sospechar a alguien que sea capaz de sonreír durante diez horas seguidas, hipocresía implicada, falsedad, inciertas intenciones, o simplemente que no hay mente, no hay pensamiento, simplemente máquina, estoy rodeado de robots, soy la única persona normal en la habitación.

Se acabó la fiesta

Terminó llegando, el último día de las vacaciones. Lo hizo con un sueño, con un nuevo tipo de pesadilla. Me hallo en una clase y soy incapaz de controlar la disciplina. Me desgañito, pierdo la voz a vivo grito, y con ello despierto en mitad de la madrugada. La deformación profesional me alcanza hasta en sueños. Ya no es solo que se me caigan los dientes, caerme por un precipicio, o verme desnudo en un espacio público. En verdad, tenía que acabar ocurriendo, los puñeteros adolescentes comienzan a minar mi cordura. Espero que no pase de ahí, es tan solo un mal rato en brazos de Morfeo.

Más años de humillación

Vas por mediados de los treinta y como si tuvieras doce años, en el coche de tus padres, sin dinero en el bolsillo ni una casa propia. Tu padre es de la vieja escuela, un manitas en fontanería, en albañilería, en bricolaje, en todo lo que le echen. Monta muebles, la red de agua caliente de tu casa, la casita del perro, el nuevo enchufe de pared… Tu hermano pequeño en cambio es de la nueva escuela. No sabrá de bricolaje pero todo lo que necesites de ordenadores se lo puedes preguntar a él. En comparación tú… tú… a ti se te puede inquirir sobre todo lo que no vale un duro, ideas políticas, conceptos filosóficos, hechos históricos, críticas cinéfilas y literarias,… Eres un experto en todo lo que no da de comer, hay quien te considera un genio, pero lo único que sabes es leer, escribir, estudiar y memorizar, nada valioso ni práctico fuera de eso. No es que te hayas comportado como un vago. Te has pasado la vida hincando los codos, ahora mismo estás inscrito en cuatro bolsas de profesores de secundaria. Pero para qué. Llevan dos años sin llamarte, la lista siempre avanza hasta que te quedas en los primeros puestos, sin embargo la mala suerte de que se queda ahí. Por no saber, aunque llevas cuatro años con lo mismo, ni siquiera alcanzas a dilucidar si vales para profesor o si te gustará porque todavía no te han llamado. La crisis te ha destrozado, como a muchos. La escusa que percibes es la misma que oyes de tantos otros, la mala fortuna de coincidir con la peor crisis económica del capitalismo reciente. Te dijeron que si estudiabas podrías ganarte la vida. Pero te has sacado todos los títulos que podías sacarte… estás a punto de cumplir treinta y cinco y todavía vas en el coche de tus padres como si tuvieras doce, sin poder intuir, ni por asomo discernir si acaso lo que te queda no serán más años de humillación.

La panza

Llega un momento en que la panza adquiere identidad propia, gravedad propia, inercia. Si te mueves hacia un lado, la panza se resiste hacia el otro. Si te desplazas en una dirección y de repente te detienes, la panza sigue el camino y te arrastra tras de sí, acompasándose con un temblequeo, con ondas que recorren su superficie, con una materialidad mórbida, morbosa. Como si no perteneciera a tu cuerpo, como si no estuviera integrada en la masa de músculos, huesos, órganos y sangre de tu ser. Prácticamente como si hubiera surgido una esfera en tu bajo vientre, un planeta alienígena y diminuto adaptado a la escala de tu carne. La panza es como una antiarticulación impidiéndote movimientos como agacharte o torcerte de costado. Como un destilador de anticonfianza sumiéndote en la agonía de saberte obeso y no poder hacer mucho para remediarlo, como el miedo y el hormigueo que surge en el estómago ante una amenaza. La panza es aquello que solo por verla desaparecer estás dispuesto a pasar dos horas de tu vida al día en el gimnasio.