Archivo de la etiqueta: Teoría de sistemas

Forma y complejidad 13

El primer desarrollo es originado a partir de la negación del axioma. Aparentemente constata que el sujeto activo puede ser a la vez sujeto impreso. La consecuencia de este desarrollo es que la entidad no posee memoria del pasado, únicamente presente.

Para demostrarlo concebir la posibilidad de que un individuo pueda construir un relato de su evolución atendiendo a los rastros recibidos en su propio cuerpo. Esto es, el paradigma del sujeto que se reflexiona a sí mismo. Se observa a sí mismo y cada rastro sobre sí es un retazo de su historia individual. Por ejemplo, las cicatrices. La entidad puede discernir donde ha estado y qué ha hecho tratando de rememorar cómo se originó cada una de las cicatrices.

Ahora bien, ¿cómo el sujeto puede saber que una marca no ha estado siempre ahí si no es capaz de abstraer una imagen de sí mismo sin la cicatriz? Esto es, requiere de poder diferenciar entre el antes y el ahora para dilucidar el recuerdo asociado a una cicatriz. Para ello necesita posicionarse fuera de sí, necesita ser capaz de distinguir entre su estado actual y el anterior.

En resumen, requiere de convertirse en un observador externo, alguien que no es ni el momento pretérito ni la contingencia del momento presente, su constitución contemporánea. Un observador.

La consecuencia de este razonamiento es inmediata. Un sujeto activo que es a la vez sujeto impreso no posee memoria, se debate únicamente como presente.

Forma y complejidad 12

El punto a continuación se puede definir como “el dilema del que padece y observa”. Imaginemos el punto de vista particular de una persona que en una pelea ha sido golpeada. En el cuerpo de su oponente puede observar los rastros provocados por los efectos del golpe, como la tensión de los músculos, los nudillos amoratados, etc. Además es capaz de percibir el rastro que este acto ha ejercido en su propio cuerpo, el moratón, los huesos rotos, la parte afectada e hinchada. Reconoce al sujeto impreso en sí mismo. El cardenal es algo que ha modificado su forma y se constituye como rastro dejado por la acción del otro.

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Forma y complejidad 11

Un problema que surge con el concepto de “impronta” tal como ha sido definido consiste en que puede incurrir en una contradicción con las nociones de forma e información. La información se refiere a la forma. Pero en este caso con los rastros no parece ser así. La información se refiere a las consecuencias de los actos de la forma.

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Forma y complejidad 10

Un tercer tipo de transducción es aquel que se define a través de los “rastros”. Su denominación es transducción “de impronta” en cuanto que la información que se refiere a la forma, en este caso, no es un modelo de la forma, una transcripción de su naturaleza, o algo que permite reproducirla. Sino una consecuencia de la impronta que dicha forma ejerce como resultado de sus relaciones sobre el entorno o sobre otras entidades. En otras palabras, una huella es un rastro que un ser deja al relacionarse. Un perfume, un aroma, es otro tipo de rastro. Igualmente un texto dejado en una pared. Incluso la luz que rebota en un objeto y es captada por el ojo.

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Forma y complejidad 09

En la antagonía del gen el segundo tipo de transduccion es la transducción operativa, cuyo elemento base son los “datos”.

Las características de este tipo de transducción son los siguientes:

  • Los datos han sido compuestos por un observador.

  • Los datos se refieren parcialmente al objeto.

  • El dato es independiente del objeto.

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Forma y complejidad 08

Puesto que existe más de uno, son posibles infinitos tipos de transducción. Entre ellos distinguir los cuatro en principio más evidentes.

El primero de ellos es la transducción generativa. Este tipo de transducción, por ejemplo, es la que se manifiesta en la reproducción por genes. Aunque los genes no es el único sistema que la emplea.

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Forma y complejidad 07

La sucesión es la siguiente: de un objeto se compone un mensaje, de un mensaje surge una forma, y así continuamente. Cabe hablar de cómo la forma se traduce a un mensaje. Y viceversa, cómo la información puede ser descodificada para que se origine una forma.

El término traducción no es el adecuado. Procede del latín traductio, -onis, que significa llevar de un lugar para otro. Aceptar el término traducción sería definir forma e información como completamente diferentes. Pero como hemos visto no es así. Replicar que sí lo es sería ofrecer un argumento semejante al de la Idea platónica con las sombras en la caverna. La información es lo inmanente, lo eterno, lo que perdura y hace que la materia y la energía en el universo reproduzcan siempre las mismas ideas y la misma forma; y la forma lo voluble, lo cambiante, lo que se relaciona, tergiversa y degenera.

Pero la información se refiere a la forma, no al revés. La información no puede ser inmanente por ello. En vez de traducción, cabe hablar de “transducción”, del latín transductio, -tionis. Su sentido es el de transmisión (ducere, llevar) de algo a través (trans-) de un determinado medio que actúa sobre el objeto, provocando en él ciertas transformaciones. Al llevar a cabo el proceso de descodificación del mensaje para formar una entidad, este deviene modificado, alterado. El mensaje no es inmanente, sino que posee una forma. Por ello, transducción es el término adecuado.