Archivo de la etiqueta: Terror

El rincón de los monstruos

Esa esquina del dormitorio sin personalidad alguna, en la pared opuesta a la ventana, en el punto más alejado de la entrada. Ese lugar al que solo llegas rodeando la cama, que resulta tan anodino que solo merece colocar allí aquel mueble o complemento que absolutamente carece de importancia. La mesilla de noche gemela a donde situas el despertador que colocas ahí para no descuadrar, el perchero, la lámpara de pie, ese arcón que te han regalado y que no sabes donde poner.

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Abracadabra. Pablo Berger

Me hubiera gustado verla con un extranjero al lado, para comprobar su opinión. Porque la impresión que a mí me dio y que permanece una vez sales del cine es de película flojita. Personajes poligoneros, casposos, con una estética hortera a más no poder, y lo que no es poligonero resulta anticuado, pero no anticuado en el sentido de retro, sino vetusto en el contexto de que alguna mano de pintura le falta, salones y dormitorios que son el horror de un decorador, anclados en el tiempo en las memorias del mal gusto aburguesado, castizo y rancio.

No obstante, después recapacitas y dices: Pero cómo señalas que es flojita si Abracadabra es un montón de películas en una, una mezcla de géneros atrevida, arriesgada, original y que no chirría. Si lo tiene todo: drama social, intriga, cine negro, terror, comedia romántica, de malentendidos, fantasía, asesinatos, especulación pseudocientífica, espiritismo paranormal, y la aventura heróica de una mujer que busca su camino en el mundo. ¿Es posible que sean los prejuicios los que me hacen pensar que le falta algo? Ese rechazo al mundo catalogado como choni o cani, que todo resulte tan hortera, tan culturalmente degradado. O la presencia del omnipresente José Mota, que aunque hace un buen papel, el hecho de que estemos tan sobresaturados de su imagen, así como el tipo de humor al que lo tenemos asociado, provoca que la trama quede devaluada. En otras palabras, los prejuicios que mismamente y por otro lado me harían rechazar las proyecciones de “Cine de barrio”.

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Bestiario tropical. Alfredo Iriarte

Compendio de barrabasadas e iniquidades. Anecdotario terrorífico y catastrófico. La democracia, si por algo es un sistema más justo que otros, es porque nos defiende de las consecuencias de la locura que una sola persona pueda contener. Cuanto esto último sucede, cuando un único ser con sus rarezas, obsesiones y desvaríos, logra deformar y conformar el Estado a su semejanza, por mucho que haya podido ser elegido democráticamente y que diga actuar en aras del pueblo, es cuando nos alejamos del gobierno del pueblo y nos acercamos a una dictadura. O simplemente a algo que no es democracia. El sistema debe controlar las decisiones del gobernante, confirmar que estas no se alejan demasiado de la lógica, de la tendencia hacia el bien común. Y evitar que de repente surja un Leónidas, un Maximiliano, un Anastasio, que se enriquezca a costa del país, asesine a troche y moche, y configure una situación donde sus perversiones personales (sexuales, sádicas, carniceras) sea contempladas como la norma. Bestiario Tropical puede ser considerado un anecdotario de los peores dictadores de América Latina. Mejor dicho, no los peores, sino los más dementes y degenerados. Da pábulo al horror de concebir que solamente una personalidad semejante pueda volver a gobernar.

Ocurrencia

Lo difícil que es encontrar a una persona de mi generación, alguien que no sea un adolescente, un ser cuyo momento de lucidez se halló en las postrimerías de los treinta, y que ahora viva de las rentas, un ente que no abogue por el culto a la juventud cuando está claro que su camino vuelva hacia la madurez, un tardotreintañero que fue original en su momento, consecuente consigo mismo, en los treinta, pero que ahora en la decadencia y en el horror a la vejez, a la muerte y al vacío, se empeñe en comportarse como un adolescente, con lo aburridos que son los adolescentes, lo sé por experiencia propia que trabajo treinta horas a la semana con ellos, donde todo signo de rebeldía es acometido por presión social, porque el resto observa, todavía no son ellos mismos, sino las personas que los demás buscan que sean, huyen de responsabilidades, son corruptos, aprovechados, no razonan, reconocen en los adultos a sus enemigos, y lo difícil que es no ser así, que es crecer y no aterrorizarse, que surjan las arrugas y retroceder atrás en huida hacia el pasado, procurar no recordar los errores, ser desenvuelto, aparentamente aleatorio, disolver la memoria que podamos tener, no tener remembranzas, una vida por definirse, volver a ser un adolescente sin preocupaciones, en el fondo la adolescencia como una suerte de vejez prematura.

El bar. Alex de la Iglesia

Me ha gustado. Podría haberme gustado más. Mirando las críticas en los distintos medios, muchos autores recalcan como error garrafal el último cuarto de hora. Coincido en el trasunto, aunque no en las conclusiones sobre por qué ese tercio final resulta enervante. Hay quien habla de agotamiento de un tipo de cine, de la decadencia de un gran cineasta. Prefiero estar de acuerdo con aquellos que esgrimen más bien que al guión le han faltado horas, tiempo de reflexión y de desarrollo.

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Mala leche

Me pregunto cómo debe ser concebir a un hijo con mala leche. No me refiero a que el niño salga un cabronazo, sino a lo que resulta de que el esperma que actúa en el acto fuera germinado en un instante en el que no estuvieras en tu mejor momento. Me explico. No quiero dar a entender que hubiera violencia en el coito. Nada de violencia. Simplemente estás con tu pareja, con una amiga con derecho a roce, con una desconocida con la que te enrollas tras una sesión de discoteca, y se rompe el condón. Y resulta que el sexo se estaba ejerciendo para desfogar. Pero desfogar en el sentido literal. Nada de excitación sexual, nada de amor, nada de sentimientos compartidos, ni de que a uno le guste estar con esa otra persona. Simplemente, el estrés te invade, necesitas escapar y no sabes cómo hacerlo, querrías destrozar algo, gritar, chillar, pulsar el botón rojo del despacho oval que conecta el final atómico del mundo. Como he dicho, nada de violencia. Simplemente fornicar con frenesí. Y de ahí resulta que sale una criatura, engendrada a partir de la mala leche. ¿Lo notará la biología? ¿Se quedará inscrito en el subconsciente del individuo a pesar de que no es ni cigoto? ¿Pasará a formar parte de la memoria genética? En el instituto a veces ves pasar a chicos con mirada de asesino, o a chicas soberbias que te gritan y tratan como si fueras una mierda, que son precisamente los que te ponen de mala hostia y te dices: No, no, no. Esta tarde nada de sexo, ni aunque tuviera la oportunidad. Preferiblemente cinco pajas inducidas por la ansiedad, porque de algún modo hay que cortar el círculo.